sábado, 25 de octubre de 2008

Reflexiones

EL DOLOR DEL CUERPO Y EL ALMA;
UNA OPORTUNIDAD DE CRECIMIENTO
Jorge Meléndrez

Amables lectores, empezaré mi reflexión de hoy con una pregunta. ¿Quién no ha sentido alguna vez dolor? Y la respuesta seguramente es afirmativa en nosotros mismos y en todos los seres humanos a nuestro alrededor. Sin embargo, a pesar de que esta sensación es ampliamente conocida por las personas, es igualmente desdeñada, pues todos, absolutamente todos, procuramos que esté lo más distante de nosotros en nuestro diario acontecer, pues somos muy vulnerables y no nos gusta sentirlo.

El dolor va ligado al sufrimiento, ese sentimiento negativo que nos hace perder la objetividad sobre las cosas cotidianas, pues nos impide ver la realidad en toda su magnitud. El sufrimiento es también una emoción que por lo general nos lacera el alma y se somatiza en el cuerpo físico, y nos hace sentir como una de las más insignificantes criaturas de este mundo.

Cuando el sufrimiento derivado del dolor se anida en el alma, llega la infelicidad y no hay poder humano que pueda desterrarla. El hombre entonces vive con el dolor a cuestas y se convierte en una víctima de si mismo. Sin embargo, siempre hay una solución, sobre todo cuando estás aferrado a la fe, y sabes además que Dios siempre tiene una respuesta para todas las cosas, a pesar de que para nuestro limitado entendimiento, a veces parezca que lo que Dios hace no tiene sentido.

Este tema, tuve oportunidad de platicarlo con mi hijo Jorge René, apenas el miércoles pasado, es decir, el 1 de Septiembre, quién con certera sabiduría de quién ha sabido vencer el sufrimiento y el dolor del alma que lo abrazaba, me leyó un párrafo del libro de reflexiones que utiliza de cabecera, y que precisamente en ese día hablaba sobre el dolor. La lectura dice así: "El Dolor... ¡A quien le hace falta! Pensamos cada vez que sufrimos. No vemos la necesidad del dolor. Sufrir parece un ejercicio sin sentido. Si a alguien se le ocurre mencionar crecimiento espiritual mientras sufrimos, lo más probable es que hagamos un gesto de disgusto y nos marchemos pensando que es la persona más insensible que hemos conocido.

"¿Pero que pasaría si los seres humanos no sintiéramos dolor, tanto físico como espiritual? Suena a mundo ideal, ¿no? En realidad no. Si no fuéramos capaces de sentir dolor físico, no sabríamos cuando parpadear para sacarnos cuerpos extraños de los ojos; no sabríamos cuando parar de hacer ejercicio; ni siquiera cuando darnos vuelta al dormir. Sencillamente abusaríamos de nosotros por carecer de un sistema natural de aviso.

"La misma verdad se aplica al dolor emocional. ¿Cómo nos habríamos dado cuenta de que nuestra vida se había vuelto ingobernable si no hubiéramos sentido dolor?
"El dolor emocional, como el físico, nos permite saber cuando debemos dejar de hacer algo que nos hace daño. Pero el dolor no es solo un factor motivador. "El dolor emocional nos proporciona una base para comparar y saber cuando estamos alegres. No podríamos apreciar la dicha si no conociéramos el dolor. "Solo por hoy: Aceptaré el dolor como parte necesaria de la vida. Sea cual sea el grado de dolor que sienta, sé que también puedo sentir dicha." Fin de la lectura.
Podemos ver amables lectores, que el dolor y el sufrimiento, pueden convertirse en aspectos positivos de nuestra vida, pues si nos dejamos llevar por el pesimismo y la angustia que generan, entraremos en un hoyo negro sin asideros y de donde solo podremos salir con nuestra fe y voluntad de vivir en nuestra propia realidad.

Se sufre por el dolor de no aceptar la realidad que hemos construido a nuestro alrededor, cuando somos nosotros mismos los únicos que podemos cambiarla, convirtiendo el pesimismo en optimismo, la amargura en dulzura y la oscuridad en luz.

La mejor fórmula es la oración profunda por que Dios no nos abandona nunca, y solo Él nos da la oportunidad de nacer de nuevo. JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com