jueves, 3 de julio de 2008

Reflexiones

NUNCA ES TARDE PARA LLENAR UN HUECO EN LA VIDA

Jorge Meléndrez

Con la convicción de que “nunca es tarde para llenar un hueco en la vida”, iniciamos hace poco más de cuatro años, un proyecto educativo dirigido especialmente para personas adultas, hombres y mujeres que por alguna razón tuvieron que truncar sus estudios en el nivel del bachillerato o bien de una carrera profesional, y que por lo mismo, se incorporaron al mercado laboral con las herramientas y conocimientos que entonces tenían. Este proyecto educativo fue denominado PROGRESSA, por el alto significado que en sí mismo el concepto tiene, pero más aún, por significar, como acrónimo, un “Programa de Educación Superior Solo para Adultos”.

Este proyecto educativo, se diseño de manera muy especial para este tipo de personas, donde se incluyen amas de casa e incluso, profesionistas de ramos distintos pero que requieren conocimientos especializados en el campo de los negocios; una licenciatura ejecutiva que hoy rinde sus primeros frutos, pues esta misma semana que inicia, se graduarán los primeros siete egresados, todos con muy buenas resultados académicos, y donde se encuentran inscritos más de 120 personas.

Apenas el jueves por la noche la Universidad los despidió de sus aulas ofreciéndoles una cena en su honor, contando con la presencia del Ing. Radamés Díaz Meza como invitado especial, quien les dirigió unas palabras de aliento por su nueva responsabilidad social que ahora asumen como profesionistas egresados de la Universidad de San Miguel. El escenario fue el Salón del Hotel San Luis, donde cada uno de los egresados, tuvieron la oportunidad de intercambiar opiniones con el conferencista invitado. La experiencia personal y profesional del Ing. Díaz Meza, pero sobre todo su don de gentes, fueron factores decisivos para hacer de su charla un espacio de aprendizaje, sobre todo por haber abordado conceptos de crecimiento y desarrollo personal, que sin duda alguna, son los factores más importantes que hacen de las personas el ser gentes de bien.

La ética empresarial y la moral personal, son lo que delinean a una persona de éxito en la vida, señaló el Ing. Radamés Díaz Meza, sobre todo cuando van acompañados de cualidades personales que tienen que ver con la generosidad y el respeto a las personas. Un factor de éxito, les dijo, es tener siempre a Dios como destino de vida, y hacer siempre muchos y muy buenos amigos, pues una red de esta naturaleza podrá siempre capitalizarse en el futuro cuando se emprenda un negocio o cuando se esté al frente de alguno.

Agregó el Ing. Díaz Meza, algunos aspectos de vida personal y profesional, y como a pesar de sus pocos años de vida, ha tenido que tomar decisiones muy importantes con el fin de no desenfocarse en el propósito que él descubrió para si mismo; el ser empresario independiente, cuando a temprana edad disfrutaba de una respetable posición dentro del sector bancario y financiero como Director de División de una importante firma bancaria. Por eso no deben tenerle miedo a tomar decisiones que cambien el rumbo de su vida, y más aún cuando se encuentren apoltronados en el terreno de la comodidad, pues cuando el propósito lo han visualizado como parte de un sueño realizable y una meta factible, la fe, la confianza y el trabajo son lo único que les ayudará a salir siempre adelante.

Por nuestra parte, los felicitamos por no haber desistido en su empeño de hacer una carrera profesional, y sobre todo, por haber puesto todo su empeño personal para ser siempre buenos estudiantes, estudiantes de excelencia.

Se les recordó que uno de los valores más importantes que pueden tener siempre en la vida es la autenticidad, el ser siempre merecedores de la confianza de las personas que los rodean, utilizando para ello, una pequeña historia que ejemplifica muy bien como deben comportarse en la vida. “Cuentan de un viejo sabio que se encontraba siempre a las afueras de una ciudad, donde había un pozo de agua donde los viajeros llegaban a refrescarse. Cierto día, estando el viejo sabio con su discípulo cerca del pozo, llegó un viajero que le preguntó; --Dígame señor, ¿Cómo es la gente de este pueblo?, Respondiendo el viejo: --¿De donde viene usted? De una ciudad del norte, le dijo el viajero, --¿Y como es la gente de allá?, preguntó el sabio. Pues la gente de donde vengo es gente de mal corazón, contestó el hombre aquel. Entonces el sabio le dijo: --¡Pues aquí no encontrará usted gente muy diferente…! Un poco más tarde, llegó un nuevo viajero, que preguntó lo mismo, y el sabio respondió de la misma manera. Y cuando el hombre aquel le dijo que la gente de la ciudad de donde venia era muy buena y comprensiva, el sabio le dijo que la gente de ese lugar, era igual de buena y bondadosa, que no se preocupara mucho.

Fue entonces que el discípulo que había sido testigo del dialogo con los dos viajeros, le preguntó a su maestro, el viejo sabio: --¿Por qué a ambos les ha dicho cosas diferentes?, a lo que el sabio contestó: --¡Por que cada quien va a encontrar lo mismo que trae” (Fin de la historia) La moraleja es que cada uno de ustedes, como nuevos profesionistas, deberán comportarse siempre con rectitud y buenos hábitos, pues entonces siempre encontrarán los frutos de su cosecha. JM Desde la Universidad de San Miguel.

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viernes, 20 de junio de 2008


LAS COSAS BELLAS DE LA VIDA

Jorge Meléndrez

Las cosas bellas de la vida y que nos son placenteras a los sentidos, son completamente gratis, pues su valor esta en la forma como aprendemos a verlas y sentirlas. ¿Cómo que cosas? Podría alguien decirme. Aquí va una pequeña muestra de cosas que verdaderamente nos dan felicidad y que no tienen ningún costo: una sonrisa de un niño, un abrazo del hijo o de la hija, un beso de la persona amada, disfrutar con la pareja una puesta de sol sobre la playa, ver la luna cayendo sobre el mar, estrechar una mano que te ayuda, un amigo que te comprende, una familia unida por el amor, una buena pieza musical que te hace recordar momentos felices, un paseo por el parque en buena compañía, una aroma de una flor, el arrullo de los pájaros, la brisa matinal, contemplar las estrellas, una copa de vino con los amigos, y tantas cosas más que están ahí siempre al alcance de nuestra mano. Hay una pequeña historia que nos ejemplifica muy bien como debemos ver a la felicidad.

La historia dice así: “Se cuenta que hace muchísimos años había un hombre de quien se decía que guardaba en un cofre encantado un gran secreto que lo hacia sentirse el hombre mas feliz sobre la tierra. Como de costumbre muchas personas le tenían envidia, por que en efecto, lo veían siempre feliz y deseaban a toda costa conocer su secreto. Así, reyes, príncipes, y hombres ricos, le ofrecían poder y dinero para obtener el cofre, pero todo era en vano, mientras mas lo intentaban, mas infelices eran, pues la envidia no los dejaba vivir.

Así pasaban los años y el hombre aquel era cada día mas feliz, pero cierto día, llegó un niño y le dijo: Señor, Yo también quiero ser inmensamente feliz, ¿Por que no me enseñas todo lo que debo hacer para conseguirlo? El hombre aquel, sabio por naturaleza, al ver la sencillez y la pureza del niño, le dijo: ¡A ti si te enseñare el secreto para ser feliz, ven conmigo y presta mucha atención! Mira, en realidad son dos cofres en donde guardo el secreto para ser completamente feliz y estos cofres son mi mente y mi corazón y el gran secreto que estos cofres guardan no es otro que una serie de pasos que debes seguir a lo largo de la vida, El primer paso, es que debes dar siempre gracias a Dios todos los días que vives. El segundo paso, es que debes quererte mucho a ti mismo, y todos los días al levantarte y al acostarte, debes afirmar: yo soy importante, yo valgo, yo soy capaz, soy inteligente, soy cariñoso, no hay obstáculo que no pueda vencer. El tercer paso, debes poner en practica todo lo que dices que eres, es decir, si piensas que eres inteligente, actúa inteligentemente; si piensas que eres capaz, haz lo que te propones; si piensas que eres cariñoso, expresa tu cariño a las personas que amas, si piensas que no hay obstáculos que no puedas vencer, entonces proponte metas en tu vida y lucha por ellas hasta lograrlas. El cuarto paso, no debes envidiar a nadie por lo que tiene o por lo que es, pues esto llena tu corazón de frustraciones. El quinto paso, no debes albergar en tu corazón rencor ni resentimiento hacia nadie y si alguien te ha herido deja que las leyes de Dios hagan justicia y tú perdona y olvida. El sexto paso, es que no debes tomar las cosas que no te pertenecen, recuerda que de acuerdo a las leyes del cosmos, mañana alguien te quitara algo de más valor. El séptimo paso es que no debes maltratar a nadie, todos los seres del mundo tenemos derecho a que se nos respete y se nos quiera por lo que somos, por eso nunca discrimines a nadie por ser diferente a ti. Y por ultimo una de las cosas mas importante en esta vida, levántate siempre con una sonrisa a flor de labios, observa a tu alrededor y descubre en todas las cosas el lado bueno y bello de la vida, piensa en lo afortunado que eres al tener todo lo que tienes, ayuda a los demás sin pensar que vas a recibir algo a cambio, mira a las personas y descubre en ellas sus cualidades y dales también a ellos el secreto para ser triunfador y que de esta manera, puedan ser también felices. (Fin de la historia)

Moraleja: La felicidad no tiene ningún costo, las cosas bellas de la vida están dentro de cada ser humano. Esto es lo que debemos aprender los seres humanos, a distinguir que se puede ser verdaderamente feliz y disfrutar de las cosas bellas de la vida, y no dejarnos llevar solo por el hedonismo y la satisfacción de los sentidos. El sentido de la felicidad es una cualidad que Dios nos dio a los humanos para con ello darle gracias por la vida misma. JM Desde la Universidad de San Miguel.

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Reflexiones

ALAS DE MARIPOSA, Una vida plena de amor

Jorge Meléndrez

Cuando los seres humanos derramamos sobre quienes nos rodean; sobre todo nuestra familia y nuestros hijos y nietos todo el amor que nos alienta en la vida; significa un acto de amor pleno e incondicional, pero cuando nuestro corazón se reboza de ese amor, tenemos que aprender a darlo a nuestros semejantes, sobre todo a aquellos que sufren los embates de los juegos fatuos de la vida y que requieren para su rehabilitación pequeños soplos de vida impregnados con amor solidario. Así es la Señora Delia Villarreal de Arozamena, una bella mujer que reboza su amor y que a sus 85 años de vida productiva nos regala ahora una nueva colección de sus sueños y suspiros, de pequeños trozos de vida entregada a su familia y a los seres que la rodean con afecto, un nuevo libro de su colección de pensamientos positivos, que cada viernes nos hacen sentir más humanos frente a la turbulencia que nos inunda. Yo en lo personal, lo recibo como un regalo de unas manos generosas, llenas de amor y de ternura. Gracias Doña Delia por este nuevo regalo para mi colección de lecturas humanistas.

“Alas de Mariposa”, es el titulo que Doña delia escogió para su nuevo libro, y no pudo ser mejor pensado por el simple hecho de que la mariposa, es un bello ejemplar del reino animal, cuyas alas están cubiertas de diminutas escamas de diversos colores donde quedan, como lienzos pintados por manos de ángeles, dibujos lleno de colorido y formas diversas.

El alma de las mariposas es igual que el de muchas personas como Doña Delia, aparentemente pequeña como el tamaño de sus ojos, pero lo suficientemente fuerte como para resistir las inclemencias de un largo vuelo en la búsqueda de climas más benignos.

Las mariposas se alimentan del néctar de las flores, y cada uno de los relatos que Doña Delia nos regla cada viernes, son como un néctar para el alma de quienes somos sus más asiduos lectores. Así es como alimentamos nuestro espíritu y nos anima a continuar por los abrojos de esta vida que Dios nos ha regalado.

Leerla cada viernes, nos permite recordar que la vida vale la pena vivirla, y que al igual que el arco iris que se refleja en las alas de la mariposa, la alegría y el amor, que son el colorido de la vida, deben inundar nuestras almas para bien de los demás, pues no importa el tamaño ni el peso de nuestras penas, siempre podemos dar una palabra de aliento a favor de los demás seres que sufren.

Sumergirnos en la prosa de Doña Delia, es aprender a valorar las pequeñas cosas de la vida, es entender que nuestra existencia no es solo un continum de cosas que tienen que ver con la sobrevivencia diaria, sino minúsculos momentos de paz y tranquilidad para nuestro espíritu cansado de ver lo cotidiano. Veamos como ejemplo la belleza de esta prosa poética a través de un pequeño párrafo del artículo intitulado “Pequeña misiva.” Dice así: “…Llegar al lugar es cambiar de mundo dejando abajo mucho bagaje inútil, y darse cuenta de que no se necesita. Entonces es cuando uno ve otras cosas, como los celajes diferentes en la aurora y en el ocaso, un sol en el cenit refrescado por vientos que corren libres sobre kilómetros, de pastizales naturales, amarillos y flexibles, dóciles al aire; lugares donde el eco repite la voz y otros donde se la lleva cabalgando en las espigas hasta donde se funde con el cielo; la mirada se va, y puede llegar hasta los sueños; el baile de las llamitas en la fogata ilumina a la emoción más que a la noche cuando echan cuentos “del tigre” Y fue por eso que en una gruesa hojita de espavé, arbusto de limbo jugoso en el cual se puede escribir con algo punzante, en una hojita pequeña, me llegó un recado del compañero que aún puedo leer trayéndome aquellas imágenes felices. La hojita simplemente dice: “Te amo…” y conozco la letra…” Este párrafo es tan solo una pequeña muestra de lo que contiene “Alas de Mariposa”, pero no puedo resistir la tentación de invitarlos a probar más gotitas de miel que como prosa rimada nos regala Doña Delia. Este es de otro intitulado: “Tan fácil que resulta” y que dice así: “…El entendimiento y lo cordial no dependen solo del lenguaje, y a veces hay en que pueden prescindirse de él si hablan las actitudes, los ojos, la sonrisa. Es algo que brota de adentro y se da y se recibe, lo que hace un puente entre los hombres, borrando las diferencias…” ¿No les parece hermoso?

Para concluir citare una estrofa de un poema que leí en la Internet con el único fin de invitarlos a comprar el libro destinado a una buena causa, y sobre todo, leerlo con los ojos del alma y el entendimiento, con la seguridad de que nos ayudará a cambiar algo de nuestra vida. La estrofa dice así: “Y tú, mi buen compañero, /toma el libro; que, en verdad/ de poeta y caballero, /con mis Abrojos no hiero/ las manos de la amistad.” JM Desde la Universidad de San Miguel.

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sábado, 7 de junio de 2008

Reflexiones

APRENDIENDO A AFINAR NUESTRACONCIENCIA

Jorge Meléndrez

La sabiduría divina infundió al ser humano junto con el soplo de vida, la conciencia como una cualidad intrínseca que nos hace diferentes a otros seres del reino animal. La conciencia es importante por que se comporta como un severo juez de nuestras acciones y nos permite además, el conocimiento interior de todo aquello que se encuentra dentro de los límites del bien y el mal. En este sentido, la conciencia es una propiedad del espíritu del hombre que le permite conocerse a si mismo y conocer el mundo que le rodea.

En la vida diaria, vivimos situaciones diversas, algunas de tipo familiar, otras más dentro de nuestro mundo laboral, y otras más de carácter cívico o religioso, y en todas y cada una de ellas, somos testigos, de alguna manera, del papel que jugamos dentro de ese contexto social y del que juegan el resto de las personas; y es nuestra conciencia la que nos permite entender cabalmente lo que esta bien y lo que esta mal, y sobre todo aquello que nos perjudica o nos beneficia.

Sabemos por ejemplo que debemos respetar el orden social con el fin de ser protagonistas de una ciudadanía ordenada y respetuosa y estamos concientes además, que la educación de la conciencia es un elemento indispensable a los seres humanos por el simple hecho de que cotidianamente estamos sometidos a influencias negativas y tentaciones por situaciones que si bien nos pueden beneficiar, perjudican a otros. Aquí es cuando debemos afinar nuestro propio juicio con el fin de que actuando con conciencia, no trastoquemos el orden establecido.

Podemos distinguir diversos escenarios donde la conciencia juega un papel relevante, escenarios donde el espíritu humano adquiere una dimensión tal que hace que la persona se distinga como alguien respetable y responsable, y por lo mismo sea ejemplo para sus semejantes. Citaremos tan solo dos escenarios, el de la conciencia moral y el de la conciencia cívica o ciudadana.

Para una adecuada conciencia moral, la Palabra de Dios es la luz de nuestro caminar por lo que es preciso que la asimilemos en la fe y la oración, y la pongamos en práctica en todas las acciones de nuestra vida. Por ejemplo en lo que respecta a nuestra convivencia diaria, debemos aprender a no utilizar palabras obscenas, hablar siempre con la verdad, conducirnos con rectitud y respetar siempre el derecho de los demás, sin dejar de mencionar que debemos ser sujetos activos dentro de nuestra comunidad religiosa, con el fin de no pasar desapercibidos a los ojos de Dios.

La conciencia es una ley de nuestro espíritu, que va más allá de él pues lo trasciende; nos dicta órdenes de sana convivencia y nos enseña los caminos de la fe, la esperanza y la caridad. Nos significa responsabilidad y deber, temor y recompensa. En ese sentido, la conciencia es la mensajera de los susurros de Dios y además, la fuerza que nos une a Él.

Por lo que respecta a la conciencia cívica o ciudadana, debemos conducirnos dentro del orden y la tolerancia, y ser respetuosos de todos aquellos reglamentos que sirven para una convivencia armónica. Podemos citar por ejemplo el hecho de que por necesidad vivimos en comunidades donde es necesario una cultura ecologista, la que debemos manifestarla de manera permanente. Debemos tomar conciencia de que es necesario reciclar los desperdicios para evitar enfermedades infecto-contagiosas, cuidar el agua usando la necesaria con el fin de que las futuras generaciones la tengan siempre disponible, sembrar un árbol con el fin de contribuir a la generación de oxígeno y eliminación de bióxido de carbono, afinar los vehículos para controlar la emisión de gases nocivos y el efecto invernadero entre otras muchas acciones.

Hay que reconocerlo, así como la formación de buenos hábitos a través de virtudes humanas significa ser una persona de bien, la afinación de la conciencia es una tarea que debe realizarse durante toda la vida. Desde los primeros años debe despertarse en el niño el conocimiento y la práctica de la ley interior reconocida por la conciencia moral, con el fin de que crezca amando la naturaleza, cuidando el planeta y respetando a sus semejantes, en una palabra, viviendo con conciencia ciudadana.

Una educación prudente desde temprana edad, enseña el valor de las virtudes humanas y de alguna manera preserva al ser humano para una vida adulta libre de miedos, de egoísmos y de falsos orgullos, así como de los insanos sentimientos de culpabilidad nacidos de la debilidad y de las faltas humanas. En este sentido, la educación o afinación de la conciencia, garantiza la libertad y engendra la paz del corazón. JM Desde la Universidad de San Miguel.

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viernes, 30 de mayo de 2008

Reflexiones

LA EDUCACION, UN PUENTE QUE HACE LA DIFERENCIA

Jorge Meléndrez

En la historia de la humanidad, son muchos los autores que han acuñado definiciones de lo que es la educación, las cuales hacen énfasis en diferentes conceptos como son el desarrollo de las facultades intelectuales, la transmisión de valores culturales, el perfeccionamiento del ser humano, el cultivo de todas las facultades y la motivación hacia la creatividad, entre otros.

En nuestro país, la Ley General de Educación, en su artículo segundo establece que la educación “…es un proceso permanente que contribuye al desarrollo del individuo y a la transformación de la sociedad, y es factor determinante en la adquisición de conocimientos para formar al hombre de manera que tenga sentido de solidaridad social”. Esta definición, tiene un sustento histórico filosófico de muchos pensadores que desde el siglo XVII, han influido en el desarrollo del propio ser humano. Veamos solo algunos.

Juan Jacobo Rousseau (1712-1788) planteaba que el ser humano posee la capacidad de aprender a través de la experiencia y que la educación es el instrumento mediante el cual puede desarrollar todas las facultades que posee. Por esta razón, Rousseau concebía a la educación como un proceso continuo que empieza desde el nacimiento y sigue el desarrollo natural de las facultades latentes del ser humano como son la sensación, la memoria y la comprensión, por lo que proponía una educación que tomara como punto de partida la naturaleza humana. El ser humano debe descubrir por sí mismo las presiones del ambiente, y en este proceso, el rol del educador será exclusivamente el de propiciar ambientes naturales en los que pueda darse este aprendizaje.

Para el filósofo Emmanuel Kant (1724-1804) por ejemplo, el ser humano obtiene esta categoría exclusivamente por la educación. El ser humano necesita educarse, debe recibir instrucción y disciplinarse para enfrentar las presiones del ambiente; los animales no lo requieren ya que se defienden por instinto. De esta manera, encontramos que la instrucción es la idea central del esquema general del proceso educativo para Kant.

Augusto Comte (1798-1814) y Emilio Durkheim, (1858-1917) filósofos de la corriente positivista, coinciden en señalar que la educación es “…la acción ejercida por los adultos que tiene por objeto suscitar y desarrollar en el niño un cierto número de estados físicos, intelectuales y morales, que le exige el medio al que está particularmente destinado”. En esta definición se manifiesta un proceso de elaboración de una propuesta ideológica que considera que el fin de la educación es formar al ser humano para su vida futura con valores tales como el orden y el progreso. Esta concepción contempla también la necesidad e interés de los grupos humanos por su conservación y preservación.

John Dewey (1859-1952) es otro filósofo que dejó huella en la teoría educativa, ya que sus principios filosóficos proponían que la educación no debía ser exclusivamente una preparación para la vida futura, sino que debía proporcionar elementos para la realización cotidiana del individuo. Su trabajo y sus escritos influyeron significativamente en los profundos cambios experimentados en la pedagogía mundial en los inicios del siglo XX, manifestados en el cambio del énfasis de lo institucional y burocratizado a la realidad personal del alumno, esforzándose en demostrar cómo este planteamiento práctico puede actuar en los asuntos de la vida diaria.

A manera de ejemplo hemos expuesto parte de las ideas de estos pensadores filósofos educadores, de las que podemos destacar que en efecto, la educación es un puente que hace la diferencia entre un individuo que piensa y actúa con relación al bien común respecto a quienes se quedan en el estadio del barbarismo y la falta del orden en sus conductas y actitudes. En este sentido, un pueblo educado es un pueblo que socialmente tiende a ser una sociedad colaborativa y solidaria.

Como colofón, podemos decir que el ser humano es el único ser vivo sobre el planeta que tiene la necesidad de aprender conductas instintivas, ya la mayoría de las especies animales nacen con un conjunto de patrones de conducta que les permiten sobrevivir con poca ayuda de sus progenitores. El ser humano, derivado de su actitud gregaria, requiere de los otros para su propio desarrollo fisco y emocional y el mejor medio para lograrlo es la educación, por la cual recibimos de los demás, criterios que nos permiten interaccionar con el mundo y enseñanzas como costumbres, valores, actitudes, formas de sentir, entre otros aspectos que nos hace diferentes. JM Desde la Universidad de San Miguel.

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lunes, 26 de mayo de 2008

Reflexiones

UNA VIDA CON PROPÓSITO, ES UNA VIDA EN LIBERTAD

Jorge Meléndrez


La libertad es un valor supremo que el ser humano debe cuidar tanto como su propia vida, ya que una vida sin libertad es una vida sin destino. En efecto, cuantos individuos van por la vida sin saber a ciencia cierta cual es la razón de su existencia e incluso, sin siquiera alcanzar a preguntarse a si mismos cual será acaso su propósito en la vida.

Este tipo de personas no tienen un destino fijo, pues tampoco saben a donde van ni cual es su misión en la vida, por lo que muchas veces es mejor decirles que se queden inmóviles, parados ahí en cualquier lugar, pues su angustia será menor a que si vagan por el mundo sin saber a donde ir.

A Séneca se le atribuye la frase que dice: “No hay viento favorable para quién no sabe a donde ir”, a Thomas Carlyle la que dice: “El hombre sin propósito es como un barco sin timón, un soplo, nada, nadie” y por su parte, a Sócrates se le atribuye también la que dice: “Conócete a ti mismo” (nosce te ipsum), aunque algunos filósofos historiadores señalan que esta es inscripción, fue puesta por los siete sabios en el frontispicio del templo de Delfos de la antigua Grecia. En cualquiera de los casos, se confirma que quién no sabe a donde ir, seguramente acabará en cualquier parte, y esto en verdad, es la acción del hombre en ejercicio de su libertad pero sin destino manifiesto, lo que equivale a decir a una vida desperdiciada.

Por lo anterior, podemos darnos cuenta que este es un problema existencial del ser humano desde hace cientos de años, pues es menester conocerse a si mismo, saber cuales son las fortalezas y los talentos con que contamos para luego definir, a ciencia cierta, que es lo queremos ser en nuestra vida adulta y como orientar nuestra vida.

Incluso, profundizando un poco más en este pensamiento que tiene que ver con nuestro plan de vida personal, tendríamos que aceptar que desde el punto de vista de la espiritualidad del hombre, no nos es dable conocer cual es nuestro propósito de vida, por el simple hecho que nuestro enfoque al preguntarlo es eminentemente egoísta, pues la hacemos partiendo de nosotros mismos, cuando en realidad debiéramos partir del propósito de nuestro supremo creador, por lo que entonces la pregunta debiera ser: ¿Qué quiere Dios de mi?, o bien, ¿Cuál fue el propósito de Dios al darme la vida?

Son muchos los rincones bíblicos que nos hablan de la verdad de este enfoque, como podemos ver en Colosenses 1:16, que a la letra dice: “Por que en él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles, sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de él y para él.”

Por todo lo anterior, un hombre que sabe a donde va, que tiene una meta de vida y un propósito definido, es por que sabe a ciencia cierta lo que Dios quiere de él, que fue dotado con vida y talentos para ser utilizados en ese propósito divino que nos fue marcado desde antes de nuestro propio nacimiento a la vida, por el simple hecho de que Él sabía de nosotros aún antes de nuestra existencia a través del soplo divino.

Esta clase de hombres saben que han nacido para llevar a cabo grandes acciones y por lo mismo, ejercen si libertad de manera plena sirviendo a los propósitos de Dios. Son personas que trascienden la vida terrenal para escribir en su agenda diaria, propósitos de Dios en servicio hacia los demás, son en esencia, personas seguras de si mismas y sin temor a la vida, pues saben que no actúan bajo sus propios principios ni para su propio beneficio, sino en función de lo que Dios quiere de ellos.

La mediocridad no es palabra de su vocabulario, pues su grandeza se mide en función de la trascendencia de sus actos en favor de los demás. Son hombres de carne y hueso, sencillos en su actuar y humildes en su vivir, no buscan los reflectores ni las alabanzas, sino solo la satisfacción de servir.

El solo hecho de conocer el propósito de Dios en ellos, les da un sentido especial a sus vidas, lo que les permite la fortaleza de caminar siempre hacia adelante y con la frente en alto. No importa cuando hayan sufrido y batallado para encontrar su misión de vida, no importa si han tocado los más oscuros fondos, ni cuanto tiempo hayan tardado en darse cuenta, lo importante es que ahora conocen la frase mágica del “Solo por hoy” y se dedican a compartir su secreto de vida con sus semejantes, ayudándolos a encontrar y a descubrir en ellos mismos lo que Dios quiere de ellos. Yo los felicito a todos ellos, y en especial a quien ayer, 23 de Mayo, cumplió un año de vida nueva en libertad, una vida nueva con propósito divino. ¡Felicidades de todo corazón! JM. Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

domingo, 18 de mayo de 2008

Reflexiones

UNA MIRADA A NUESTROS PROBLEMAS SOCIALES

Jorge Meléndrez

Un problema social que se ha vuelto a instalar en el centro de las preocupaciones de nuestra sociedad sinaloense, es el estado actual de la relación entre la cultura social predominante y el mundo de los valores distorsionados por la subcultura avasallante ya conocida.

Esto quizá no sea privativo de nuestra sociedad, pues la mayor parte de los conflictos que desgarran a las sociedades desde el tramo final del siglo pasado hasta estos primeros años del siglo XXI, están cargado de incertidumbres y de inseguridades, debido al avance de concepciones impregnadas de un creciente relativismo moral y de pérdida de valores y espiritualidad.

En efecto, el relativismo moral se ha visto favorecido, entre otras causas, por la tendencia a la disolución de la familia, que es el ámbito natural en el que se transmiten los principios y las nociones de orden moral sobre los cuales se construye el andamiaje de una sociedad fundada en la convivencia y en el respeto a la dignidad de las personas.

Si echamos una mirada a nuestro alrededor, podemos ver que se siguen avasallando los derechos humanos, que la violencia sigue prevaleciendo sobre la razón, que la guerra sigue siendo una manera inevitable de dirimir los desacuerdos internacionales, que se privilegia el poder del dinero sobre el ser del hombre, elementos todos que en esta sociedad de vertiginoso avance de las telecomunicaciones, han propiciado la ausencia de principios éticos, la ruptura del orden moral y la distorsión de la sana convivencia.

Las causas hay que buscarlas en la irrupción de generaciones humanas desconectadas de toda posibilidad de distinguir entre el bien y el mal, probablemente porque crecieron al abrigo de una visión utilitaria y relativista de las cosas, huérfana de toda creencia en los valores estables y en la sacralidad de la vida humana.

Si ante los efectos devastadores de las crisis económicas, tarda en asomar un sentimiento de solidaridad capaz de atenuar el sufrimiento de los sectores más desprotegidos, ello obedece a que falta en las franjas sociales con mayor poder de decisión, un sistema de pensamiento fundado en el reconocimiento de valores éticos objetivamente ciertos.

Cuanto se haga para fortalecer a la familia, célula del organismo social y reducto espiritual en el que se templan el carácter y el respeto a los valores más nobles del espíritu humano, contribuirá de manera decisiva a erradicar los factores que conspiran contra la armonía y el entendimiento social. El debilitamiento del hogar y la familia, es el origen de la mayoría de los males que corroen a la sociedad de este tiempo; la delincuencia juvenil, la corrupción, la desorientación de los jóvenes, el avance de la drogadicción, el armamentismo, la ausencia de un sentido de la vida y, sobre todo, la pérdida de la espiritualidad.

La avalancha de delitos es un fenómeno que está cobrando vigencia en nuestro estado y nuestro país al igual que en otros lugares del mundo y obedece fundamentalmente, al descalabro de los principios éticos básicos, como consecuencia de la crisis que atraviesa la familia, que ha dejado de ser un ámbito de contención y de acompañamiento para los niños y adolescentes en su proceso de crecimiento como personas sanas socialmente hablando.

Ante la declinación alarmante de las reservas morales y culturales capaces de frenar los peores instintos del alma humana, no hay seguramente mejor estrategia de largo alcance que la defensa y la preservación del núcleo familiar, ese espacio primario en el que se construyen los cimientos de la personalidad y se planta la semilla de los valores que habrán de modelar y regir los comportamientos de las generaciones venideras.

Si los gobernantes se quieren ocupar sinceramente del bien de la sociedad, deberán entender, en primer término, que la familia además de ser una unidad jurídica, social y económica, es fundamentalmente una comunidad de amor y de solidaridad, célula social insustituible para la enseñanza y transmisión de los valores culturales, éticos y sociales, esenciales para el desarrollo y bienestar de todos los ciudadanos.

El rol de la familia en la transmisión y conservación de los valores morales requiere de un análisis profundo y desapasionado donde se examinen las cuestiones más candentes de la relación entre padres e hijos y de otros aspectos vinculados con la problemática familiar y educativa.

Ahí esta Sociedad Educadora, esperando su oportunidad de ser considerada como una organización ciudadana que busca coadyuvar a la solución de estos problemas, pues estamos seguros que el problema de raíz no se solucionará con más armas, sino con una nueva forma de concebir nuestras relaciones sociales de convivencia. ¡Gracias! JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

domingo, 11 de mayo de 2008

Reflexiones

EDUCAR EL CARÁCTER

Jorge Meléndrez

El carácter es uno de los ingredientes que nace de la conciencia del ser humano y que le sirve para ubicarlo dentro del contexto de su realidad social. Es el sello personal e intransferible que identifica al hombre y lo hace ser diferente de cada uno de sus semejantes. Es al mismo tiempo, un producto del aprendizaje que ubica al hombre como “persona” y que lo lleva a realizar actos solidarios a favor de los demás, o bien, actos destructivos tanto para si mismo como para quienes lo rodean. Un carácter negativo, ubica a las personas como seres antisociales y de alguna manera, dañinas para el resto de las personas, en tanto que un carácter afable, hace del hombre un ser digno y respetado.

El carácter tiene su soporte biológico en el temperamento y este último, está determinado por factores genéticos que inciden en las manifestaciones conductuales del hombre, por lo que la educación del mismo, es una tarea que debe darse dentro del hogar.

La ausencia de esta responsabilidad por parte de los padres, propicia que los hijos crezcan en un ambiente familiar donde les son resueltos todos sus problemas y en consecuencia, crecerán inutilizados para saber defenderse por si mismos, mientras que el temple y la audacia, serán producto de un carácter proactivo de quién aprendió a decidir por si mismo desde edad temprana dentro del hogar.

Cuando los padres entiendan que llegará el momento de que sus hijos tendrán que volar solos, y que tal vez no estén para ayudarlos a tomar decisiones, es cuando empezarán a poner en práctica acciones que lleven a educar el carácter de sus hijos. Algunos autores estudiosos del carácter, nos enseñan que educar el carácter es un proceso evolutivo que se inicia desde edades tempranas hasta llegar a su completa expresión en el final de la adolescencia.

En la manifestación del carácter, se ponen en evidencia dos grandes componentes que nacen desde el alma mismo del individuo, que vienen a ser las emociones y las actitudes, de ahí que existan diferentes tipos de manifestaciones del carácter derivadas por la combinación que se da de estos dos componentes, la emoción y la acción. Así, tenemos personas que manifiestan cualquiera de las tipologías siguientes:

El nervioso. Quién cambia continuamente de intereses y de ocupación. Este tipo de carácter se entusiasma con lo nuevo, pero este sólo busca de ello lo que es práctico, le falta orden, disciplina y perseverancia en las cosas. Tiene una voluntad débil, es inestable, sociable, cariñoso y extrovertido.
El sentimental: Es muy sensible, tímido, pesimista, busca el aislamiento y la soledad, es difícil de reconciliar y se desmoraliza rápidamente. Es inseguro y rencoroso y en el trabajo es lento e indeciso.
El Colérico: Siempre vive ocupado en cosas. Es un atrevido para hacer cosas nuevas. Debido a sus arrebatos, improvisa, se precipita, despilfarra energía y cae en la dispersión. Abandona las cosas cuando aparece algún peligro. Es un extrovertido.
El Apasionado: Posee una gran memoria e imaginación. Tiene una gran capacidad de trabajo. Vive siempre ocupado. Tiene afición al estudio y le gusta todo tipo de tareas. Prefiere trabajar sólo. Estudia de forma ordenada y metódica. Se destaca en lectura, historia, redacción y matemáticas. Le interesa lo social, lo religioso y político.
El sanguíneo: Es muy poco sensible. Sólo le mueven los resultados a corto plazo. Tiene tendencia a mentir para conseguir lo que quiere. Es cerebral. Piensa todo fríamente. Es optimista, social y extrovertido. Es curioso. Le gusta tocar todo. Se adapta bien a cualquier ambiente. Aunque es trabajador, se deja llevar por la superficialidad y la chapucería.
El Flemático: Es reposado y tranquilo, reflexivo y callado Es muy ordenado y le gusta trabajar solo. Es puntual y se preocupa por la exactitud de todas las cosas. La inteligencia del flemático es lenta, pero profunda. Tiene una buena aptitud para comprender lo esencial de las cosas. Es dócil y metódico.
El amorfo: Es perezoso, su vida esta sujeta al ciclo de comer-dormir-comer. Es poco original, se deja llevar por el ambiente. Es despilfarrador, impuntual y carece de entusiasmo. Es social y extrovertido. Razona con mucha lentitud y analiza las cosas de forma superficial. Huye de cualquier esfuerzo. Suele aplazar las tareas. Es torpe y desordenado.
El Apático: Es cerrado en sí mismo. Es melancólico. Es irreconocible y testarudo. Es perezoso. Rutinario. Pasivo e indiferente. Carece de estimulo y actividad. Es un pobre de ideas. Es apático y poco interesado en actividades.
El hombre debe pues, ser educado en el seno del hogar, para aprender a tomar decisiones a lo largo de su vida, ya que serán precisamente estas decisiones las que de alguna manera le ayudarán a identificar y modelar su carácter y lo ubicaran como un ser social dentro del entorno en el que viva. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com
Reflexiones

EDUCAR EL CARÁCTER

Jorge Meléndrez

El carácter es uno de los ingredientes que nace de la conciencia del ser humano y que le sirve para ubicarlo dentro del contexto de su realidad social. Es el sello personal e intransferible que identifica al hombre y lo hace ser diferente de cada uno de sus semejantes. Es al mismo tiempo, un producto del aprendizaje social que ubica al hombre como “persona” y que lo lleva a realizar actos solidarios a favor de los demás, o bien, actos destructivos tanto para si mismo como para quienes lo rodean. Un carácter negativo, ubica a las personas como seres antisociales y de alguna manera, dañinas para el resto de las personas, en tanto que un carácter afable, hace del hombre un ser digno y respetado.

El carácter tiene su soporte biológico en el temperamento y este último, está determinado por factores genéticos que inciden en las manifestaciones conductuales del hombre, por lo que la educación del mismo, es una tarea que debe darse dentro del hogar.

La ausencia de esta responsabilidad por parte de los padres, propicia que los hijos crezcan en un ambiente familiar donde les son resueltos todos sus problemas y en consecuencia, crecerán inutilizados para saber defenderse por si mismos, mientras que el temple y la audacia, serán producto de un carácter proactivo de quién aprendió a decidir por si mismo desde edad temprana dentro del hogar.

Cuando los padres entiendan que llegará el momento de que sus hijos tendrán que volar solos, y que tal vez no estén para ayudarlos a tomar decisiones, es cuando empezarán a poner en práctica acciones que lleven a educar el carácter de sus hijos. Algunos autores estudiosos del carácter, nos enseñan que educar el carácter es un proceso evolutivo que se inicia desde edades tempranas hasta llegar a su completa expresión en el final de la adolescencia.

En la manifestación del carácter, se ponen en evidencia dos grandes componentes que nacen desde el alma mismo del individuo, que vienen a ser las emociones y las actitudes, de ahí que existan diferentes tipos de manifestaciones del carácter derivadas por la combinación que se da de estos dos componentes, la emoción y la acción. Así, tenemos personas que manifiestan cualquiera de las tipologías siguientes:

El nervioso. Quién cambia continuamente de intereses y de ocupación. Este tipo de carácter se entusiasma con lo nuevo, pero este sólo busca de ello lo que es práctico, le falta orden, disciplina y perseverancia en las cosas. Tiene una voluntad débil, es inestable, sociable, cariñoso y extrovertido.
El sentimental: Es muy sensible, tímido, pesimista, busca el aislamiento y la soledad, es difícil de reconciliar y se desmoraliza rápidamente. Es inseguro y rencoroso y en el trabajo es lento e indeciso.
El Colérico: Siempre vive ocupado en cosas. Es un atrevido para hacer cosas nuevas. Debido a sus arrebatos, improvisa, se precipita, despilfarra energía y cae en la dispersión. Abandona las cosas cuando aparece algún peligro. Es un extrovertido.
El Apasionado: Posee una gran memoria e imaginación. Tiene una gran capacidad de trabajo. Vive siempre ocupado. Tiene afición al estudio y le gusta todo tipo de tareas. Prefiere trabajar sólo. Estudia de forma ordenada y metódica. Se destaca en lectura, historia, redacción y matemáticas. Le interesa lo social, lo religioso y político.
El sanguíneo: Es muy poco sensible. Sólo le mueven los resultados a corto plazo. Tiene tendencia a mentir para conseguir lo que quiere. Es cerebral. Piensa todo fríamente. Es optimista, social y extrovertido. Es curioso. Le gusta tocar todo. Se adapta bien a cualquier ambiente. Aunque es trabajador, se deja llevar por la superficialidad y la chapucería.
El Flemático: Es reposado y tranquilo, reflexivo y callado Es muy ordenado y le gusta trabajar solo. Es puntual y se preocupa por la exactitud de todas las cosas. La inteligencia del flemático es lenta, pero profunda. Tiene una buena aptitud para comprender lo esencial de las cosas. Es dócil y metódico.
El amorfo: Es perezoso, su vida esta sujeta al ciclo de comer-dormir-comer. Es poco original, se deja llevar por el ambiente. Es despilfarrador, impuntual y carece de entusiasmo. Es social y extrovertido. Razona con mucha lentitud y analiza las cosas de forma superficial. Huye de cualquier esfuerzo. Suele aplazar las tareas. Es torpe y desordenado.
El Apático: Es cerrado en sí mismo. Es melancólico. Es irreconocible y testarudo. Es perezoso. Rutinario. Pasivo e indiferente. Carece de estimulo y actividad. Es un pobre de ideas. Es apático y poco interesado en actividades.
El hombre debe pues, ser educado en el seno del hogar, para aprender a tomar decisiones a lo largo de su vida, ya que serán precisamente estas decisiones las que de alguna manera le ayudarán a identificar y modelar su carácter y lo ubicaran como un ser social dentro del entorno en el que viva. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

miércoles, 7 de mayo de 2008

Reflexiones

LA DEMOSTRACIÓN DE LOS AFECTOS

Jorge Meléndrez

Los seres humanos hemos sido formados a imagen y semejanza del Altísimo, y siendo éste último amor puro, el hombre, en consecuencia, ha sido dotado de un sinnúmero de afectos que en esencia significan la manifestación múltiple de muchas formas de expresar el amor. Es innegable entonces que el equilibrio de la vida y sobre todo de la coexistencia entre los hombres, debe de estar regida por el amor y sus manifestaciones de todo tipo.

El amor es el afecto supremo, y de éste se derivan otros tantos que hacen del hombre como especie de la creación, un ser afectivo en todos los órdenes de la vida, es decir, capaz de dar y recibir en abundancia para bien de sí mismo y de los demás. Esta es una ley inexorable de la vida, que debe ejercerse libremente y con humildad en todos los aspectos y circunstancias de nuestra vida, y en ese sentido, el mejor escenario es la familia, ya que esta es en esencia el mejor pilar para el desarrollo de los afectos. Ciertamente, la base de la felicidad se encuentra en la demostración de los afectos, pero éstos hay que sembrarlos y precisamente la familia es el terreno más fructífero

El núcleo familiar es el mejor nido para cultivar los afectos desde los primeros años de nuestra vida, los que habrán de desarrollarse en el escenario de la sociedad cuando empezamos a crecer y madurar como personas. Para poder crecer como personas, es importante vivir en medio de afectos, preservándolos, demostrándolos y fomentándolos, en suma, siendo emisores y receptores de los mismos, para lo cual, se requiere que el ser humano mantenga un espíritu abierto, expresivo y volcado hacia los demás, ya que de esta manera, el proceso de crecer y madurar como ser humano se dará de manera natural.

Con frecuencia nos mostramos reacios a demostrar los afectos, pues consideramos falsamente que ello puede ser una muestra de debilidad frente a los demás, cuando en realidad el solo hecho de “dar” nos engrandece como personas. En el otro extremo, encontramos también a quienes solo son hábiles para recibir, sin haber aprendido nunca a dar, lo que en esencia significa también la vivencia de un falso orgullo. Por eso se dice, que el hecho de demostrar afectos hacia los demás, debe de ser un acto libre y espontáneo, sin que para ello medie la actitud egoísta de pensar en recibir algo a cambio, actitud ante la cual, la vida misma se encarga de retribuirnos a través de los efectos de la ley del dar y recibir.

No hay que dudar nunca sobre la veracidad de las muestras de afecto que recibimos, pues a pesar de que provengan de personas que consideramos poco sinceras, el solo hecho de recibirlas con amor y sinceridad, éstas se convierten en un flujo positivo para nosotros en el momento mismo en que son manifestadas. Esta es la magia como opera el Cosmos como obra divina de la creación. Esto significa que en nuestras manos está todo el equilibrio de la vida, pues siendo afectivos y afectuosos, tendremos siempre la capacidad de convertir maldiciones en bendiciones. Hacer lo contrario, es bloquear el flujo de la suprema ley del dar y recibir manifestada en el orden de los afectos.

Si cada hombre y mujer manifestaran siempre muestras de respeto, admiración y cortesía a sus semejantes, debemos estar seguros que todo ello les sería devuelto de manera casi inmediata y en mayor proporción. Para ello, solo se requiere mantener los brazos abiertos a recibirlos y aceptarlos. Si no lo hacemos, es posible que los afectos no lleguen hasta que estemos preparados para ello.

Cuando los seres humanos no sabemos dar amor, respeto o no valoramos las acciones de los demás, estamos cerrando nuestra conciencia de dar, sin percatarnos que el dar sin esperar nada a cambio, nos brinda la oportunidad de sentirnos útiles. El solo acto de saber dar, es una fuente inagotable que nos provee de satisfacciones.
Cuando decimos que al dar no debemos esperar nada a cambio, lo que realmente significa es que no debemos exigir que la persona a la que le estemos dando responda como nosotros deseamos, pues aún a sabiendas que es hermoso que alguien responda recíprocamente a nuestras muestras de amor y afecto incondicional, debemos estar seguros que siempre habrá quién lo haga posteriormente, aún incluso alguien distinto a quién recibió. Esta es la magia de la ley de los afectos, pues en la vida, no hay nada que quede sin recompensa, todo se devuelve, y si has hecho el bien, ese bien regresará a ti manifestado en las diferentes personas que conozcas y en las diferentes circunstancias que se te presenten.
El no saber dar, es un estado de pobreza espiritual que te lleva a un estado de vacío interior permanente que se irá ampliando en la medida en que no lo comprendas. Esta pobreza espiritual, te lleva a pensar que nadie te quiere y que nadie te valora, cuando en realidad eres tu quien no ha aprendido a querer ni a valorar ni demostrar afecto a los demás. JM Desde la Universidad de San Miguel.

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domingo, 27 de abril de 2008

Reflexiones

ENTENDIENDO EL ORIGEN DE NUESTRAS FRUSTACIONES

Jorge Meléndrez

A lo largo de los tiempos, los seres humanos hemos tratado de mantener un equilibrio en nuestra vida, y nos hemos refugiado en aquellos descubrimientos que han sido estudiados en todos los campos de nuestra vida; en el campo físico-corporal por la medicina hipocrática en el mental-emocional por la psicología y psiquiatría y en el espiritual por las religiones de todos los tiempos. Sin embargo, y a pesar de tantos conocimientos sobre si mismo, aún persistimos en los mismos males y vivimos con los mismos pesares de siempre e incluso de mayores dimensiones.

Hoy sabemos que el cuerpo se enferma por causa de problemas emocionales como son la ansiedad, los miedos, las frustraciones entre otros, que a su vez son causados por una intensa carrera por poseer todo aquello que suponemos nos dará la felicidad ansiada, sin darnos cuenta que es de esta manera como perdemos el equilibrio de nuestra vida.

Fulton J. Sheen escribió alguna vez allá por el año de 1949, que “…los complejos, las ansiedades y los miedos del alma moderna, no existían con tanta amplitud en las generaciones previas, por que se habían librado de ellos al integrarlos al gran organismo socio espiritual de la civilización cristiana, [pero que son] sin embargo, una parte tan constitutiva del hombre moderno que podría pensarse que nos fueron tatuados.”

Es claro que el tipo de frustraciones y miedos de las generaciones del siglo pasado, no eran de la misma naturaleza y causa de las que vivimos en la postmodernidad, pues en la actualidad estas nos son generadas por la falta de poder y de dinero, en tanto que antes estaban más ligadas con lo que desconocíamos de nuestro entorno. Esto ha sido así, por el simple hecho de que las enfermedades del alma aumentan en proporción directa del alejamiento del hombre de Dios.

Por lo tanto, para recuperar un perfecto equilibrio de nuestra vida y sobre todo una paz duradera en el alma, es necesario mantener una actitud de fe y esperanza de que todo lo que nos rodee debe ser respetado en su integridad, por ser parte del plan divino de la creación, lo que significa además, que debemos mantener una perfecta armonía entre el hombre y la naturaleza.

Al respecto, Fulton J. Sheen dice que “…el origen de este conflicto, ha sido relatado por los teólogos medievales y modernos, a través de la analogía de la música. Imagínense una orquesta en el escenario, conducida por un célebre director que dirige una hermosa sinfonía compuesta por él y donde cada miembro de la orquesta es libre de seguir las indicaciones del director y producir, de esta manera, armonía. Pero cada ejecutante es también libre de desobedecer al director. Supongamos que uno de los músicos toca en forma deliberada una nota falsa y luego induce al violinista de al lado a hacer lo mismo. El director, al escuchar la disonancia puede hacer dos cosas: o bien golpea con su batuta y ordena que se repita el compás, o puede ignorar la disonancia. Nada de lo que haga cambiará el resultado ya que la disonancia se ha instalado en el espacio, a una cierta temperatura y a una velocidad de 1,100 pies por segundo. Sigue y sigue y afecta hasta las radiaciones infinitesimalmente pequeñas del universo.”

Podemos fácilmente intuir que si esto es así, Dios, a lo largo de los tiempos se ha dedicado a “corregir” las imperfecciones de la creación introducidas por el libre albedrío del ser humano, que aún persiste en alimentarse del “fruto prohibido” y ser aconsejado por el maligno que lucha por convertir la perfecta armonía divina en un campo de batalla. ¿Podemos imaginarnos cuanta desarmonía han provocado las guerras? ¿Podemos cambiar este desequilibrio que nos generan frustraciones y complejos? Indudablemente que sí, si empezamos a retomar a Dios como el centro de nuestras vidas y nos alejamos de todo aquello que nos perturbe la paz en el alma.

Entonces y solo entonces, empezaremos a comprender el plan de Dios en nuestras vidas y nuestros cuerpos dejarán de enfermarse por que al sanar nuestro espíritu y nuestra alma, dejaremos de tener enfermedades emocionales como son los complejos y las frustraciones.

Ser una persona espiritual, es caminar por la vía de la paz. Solo la vía de la paz, nos conduce sin lugar a dudas hacia nuestro origen. Nuestro origen, es nuestra verdad original y la encontramos en Dios y en nuestro corazón y al encontrar el origen de nuestras frustraciones en nuestro corazón estamos aprendiendo el arte de la paz. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com
Reflexiones

APRENDER A CONOCER LA VERDAD

Jorge Meléndrez

Los seres humanos tenemos la tendencia a interpretar todo según sea nuestra conveniencia, de tal suerte que alguna cosa o circunstancia es buena, si lo es para nosotros, sin importar si lo es para los demás. Este es y será siempre un enfoque personal y obviamente no reflejará nunca la realidad de las cosas, pues su matiz es altamente egoísta y egocentrista.

El Poeta español Ramón de Campoamor, (1817-1901) es el autor de un poema donde uno de los versos dice: “En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”, lo que de igual manera nos indica, según el lírico poeta, que la vida es para cada uno de nosotros, según la interpretemos.

La sabiduría popular ha sacado de contexto la última frase del verso de Campoamor, para dar a entender que en la vida los seres humanos interpretamos las circunstancias y hechos que nos suceden, según los beneficios o perjuicios que podamos sentir, de tal suerte que en todas las cosas, hay tantos puntos de vista como criterios humanos existan y, sobre todo, intereses personales. En una palabra, egoísmo puro.

Al respecto, otro dicho más popular es el que reza: “Cada quién habla según cómo le va en la feria,” el cual se interpreta que una misma situación o circunstancia, puede ser interpretada de maneras distintas, y que muy a pesar de que determinada situación sea de amplio beneficio para muchos, siempre habrá quienes se sientan perjudicados, sin que ello signifique que la situación sea benéfica o perjudicial per se, sino que por el contrario, somos los seres humanos los que trastocamos la verdad al amparo de percepciones muy particulares. Este es en realidad un dilema de “verdad filosófica”, donde el valor de las cosas, situaciones o circunstancias, están por encima de la interpretación que hacemos los humanos.

Podemos ver que mientras que algunos acuñan refranes populares, otros, se expresan a mediante poemas de lírica romántica y el contexto será siempre el mismo, la verdad estará siempre por encima del hombre, la circunstancia y la interpretación. En efecto, esta condición del ser humano de interpretar todo según su propia conveniencia, no tiene nada que ver con los niveles culturales en los que se desenvuelva, ni siquiera con los diferentes criterios y percepciones que hacemos de la realidad, sino fundamentalmente con el nivel y grado de compromiso personal con Dios y en consecuencia con la espiritualidad que vivamos.

Es por ello que debemos aceptar que por encima de todos los criterios e interpretaciones humanas, la verdad es, la verdad existe, y su valor no puede estar sujeto a percepciones de ninguna especie. De aquí la importancia de que los seres humanos aprendamos a conocer la verdad, y dejemos a un lado las interpretaciones que lo único que hacen es alejarnos más de la verdad misma.

Aprender a conocer la verdad, es aprender a conocer y a vivir de acuerdo a la palabra de Jesús, cuyo testimonio más claro fue el que podemos leer en Juan 14:6, cuando el propio Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” Entonces, por más que el hombre intente “interpretar” la vida a su conveniencia, nunca podrá poseer la verdad suprema, pues esta debe estar siempre relacionada con el contexto espiritual que viva.

Una verdadera interpretación de lo que nos dice Jesús, es que Él es el único camino, para llegar a conocer la verdad, y al mismo tiempo, que Él sí es capaz de llevarnos a la verdad y la consumación de nuestra vida. Jesús no es un hombre que viva a ciegas o que vaya por el camino buscando la verdad, pues Él es la verdad, ya que viene de Dios, está guiado por Dios y sabe muy bien cómo y por dónde llegar a ser un hombre de verdad.

Jesús, siendo hombre, nació, vivió, e hizo su propio camino, superando muchas dificultades, pero llegó a la meta verdadera, la meta de una perfecta humanidad, exaltado por Dios, ahora es el Señor y el Centro del mundo. El ha hecho la peregrinación verdadera del ser hombre, y ha llegado a la humanidad perfecta, a la vida verdadera y eterna. A través de Él, aprendemos a conocer la verdad. JM Desde la Universidad de San Miguel.

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sábado, 12 de abril de 2008

Reflexiones

ACERCA DE LA FE Y LA CONFIANZA

Jorge Meléndrez

El hombre de todos los tiempos, ha sentido la necesidad de elevar su pensamiento a niveles que van más allá de su entendimiento de lo evidente, de tal manera que pueda satisfacer su curiosidad por todo aquello que desconoce. Esto ha sido así y ha propiciado todos los avances en la ciencia hasta ahora conocidos.

Fue René Descartes (1596-1650) padre de la filosofía moderna, quién tuvo el mérito de establecer como método esencial de análisis de la realidad, el llamado “discurso del método, o duda metódica” el que en esencia significa la búsqueda imperiosa de la verdad, misma que sirve de base para construir un conocimiento verdadero e indubitable.

En efecto, ésta necesidad filosófica llevó al filósofo, al descubrimiento de un método que hasta la fecha, nos ayuda a no aceptar como verdadero todo lo que se nos presente con la mas mínima muestra de error o considerar falso todo aquello de lo que dudamos que sea verdadero. Desde entonces, este método, ha sido para el hombre, una garantía para el uso correcto de la razón.

Descartes a través de su duda metódica y de manera radical, nos dice que hay que llegar con la duda hasta el último extremo, en donde esta se convierte en el opuesto y pase a ser una verdad indubitable. El conocimiento que por este método se logra, nos lleva como consecuencia a un acto de fe sobre lo que conocemos, sin embargo, aún nos queda como siguiente paso, obtener la “confianza” plena de que dicho conocimiento es válido y verdadero. De ahí que fe y confianza tengan una connotación diferente pero complementaria. Veamos porque.

El término “fe”, viene del latín (Fides), que significa “confiar”, y es ampliamente utilizado en la terminología religiosa y sobre todo, relacionado con las virtudes del hombre cristiano, ya que su significado se define como “…aquella fuerza interior que permite al hombre someterse a las situaciones más adversas de su vida siempre en relación con el ser supremo”.

Por su parte, el término “confianza” viene de la raíz latina (Fiducia) y se traduce como “…la creencia en que una persona o grupo sea capaz de actuar en el contexto de una determinada situación y circunstancia”. En este sentido, la confianza se verá más o menos reforzada en función de las acciones que el hombre realiza de acuerdo al nivel y grado que de manifiesta de fe.

Por lo tanto, si tomamos en cuenta que fe y confianza son dos términos que están sustentados en la verdad (veritas) podemos concluir entonces que todo hombre de fe es digno de confianza por el simple hecho de que se conduce de forma virtuosa con la verdad, y que de alguna manera, es una persona que está en camino de ser sabio, porque sabe cómo cumplir con los objetivos que le han marcado y que él mismo está conforme y profundamente convencido de ello. El virtuoso de la fe sabe cómo poner a los demás de su lado y los lleva a alcanzar un objetivo común que al final es el indicado por Dios como Ser Supremo.

La fe, es también conocida como una virtud infusa dada al hombre por el ser supremo, y por lo mismo, es una avasalladora fuerza interior, mediante la cual, el hombre llega a realizar todas aquellas cosas que sean para bien de si mismo y de los demás, motivo por el cual, ese hombre se convierte en una persona digna de confianza.

Contrario sensu, quién solo actúa a favor de si mismo por motivos de egoísmo, es una persona no digna de confianza y por lo tanto, nadie puede creer en él, ni en sus acciones ni en sus pensamientos, los que por lo general se reflejan por razonamientos intrincados y sofistas, donde su llamada “búsqueda de la verdad”, es solo una necesidad de su ego interno.

Por lo tanto, la fe y la confianza son dos virtudes dignas de ser practicadas de manera diaria, en la búsqueda de la verdad, confiando siempre que Dios esta de nuestro lado cuando las actitudes y las acciones lo glorifican.

Los seres humanos de este siglo y los anteriores, hemos buscado siempre la verdad como medio para lograr un mundo mejor, un mundo más humano. Decimos la verdad o al menos, procuramos decirla, porque estamos conscientes de que es el mejor medio para vivir en armonía y por que amamos y respetamos a los demás que buscan con nosotros ese mundo mejor.

Si no decimos la verdad, y si ni siquiera la buscamos, el mundo se deteriora hasta convertirse en un infierno porque se entroniza entonces el más burdo poder. Debemos vivir las virtudes morales de la fe, la confianza y la verdad, como verdaderas expresiones de nuestros actos en honor a Dios y en beneficio de otros. De esta manara, podremos llegar a ser unas personas sanas, satisfechos con nosotros mismos y relativamente felices. Amigo(a) lector(a), no dejes de vivir la esperanza de una mejor vida a favor de sí mismo y de los demás con fe en Dios y confianza en ti mismo (a). JM Desde la Universidad de San Miguel.

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Reflexiones

VIGILANDO NUESTRA VIDA INTERIOR

Jorge Meléndrez

Hace algún tiempo, allá por mis años mozos, leí un extraordinario libro intitulado “Eleva tú Corazón” cuyo autor, Monseñor Fulton J. Sheen, entonces Obispo Auxiliar de Nueva York, decía que en la historia de todos los hombres, siempre podremos encontrar la extraña mezcla de dos personalidades, una que significa el “Ego”, y la otra el “Yo”, donde el ego viene a ser lo que pensamos que somos y el yo, lo que realmente somos. El decía que el ego “…es como un niño consentido que por lo general se muestra petulante, mimado y alborotador y que representa de alguna manera el origen de nuestros errores en la vida, en tanto que el yo, viene a ser nuestra personalidad hecha a imagen y semejanza con Dios”.

Todo lo plasmado en el libro, se resume en la necesidad de vigilar de manera permanente nuestra vida interior, con el firme propósito de que el yo no sea vencido por el ego, y en consecuencia, podamos reflejar en nuestra vida diaria, una personalidad madura y responsable.

Traigo a colación esta vieja lectura formativa, por que podemos advertir en nuestro diario convivir, que aún los seres humanos no aprendemos la lección y seguimos cometiendo los mismos errores e incluso en mayor medida y grado que en años anteriores, pues en la actualidad se han rebasado todos los límites de la conducta humana, con los efectos que hoy podemos ver en la convivencia diaria.

Hay una breve historia que nos refleja muy bien esta metáfora del ego y el yo, y que está referida a una charla de un viejo cacique de una tribu india con sus nietos acerca de la vida. La historia dice: “El Abuelo que había sido en gran guerrero, les decía con toda la sabiduría de un hombre que vive la plenitud de su edad madura, que en la actualidad solo estaba dedicado a librar una vieja batalla entre dos lobos que anidan en su corazón, donde uno de los lobos representa todos los males como son: maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, vanidad, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, competencia, superioridad, egolatría entre otros muchos más, en tanto que el otro lobo, significaba: bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, benevolencia, amistad, empatía, verdad, compasión y fe. Ante esto, uno de los nietos más pequeños le preguntó: --Abuelo, y no es posible que solo exista un lobo? A lo que dulcemente le contestó: ¡No hijo mío! Así fuimos creados por los dioses, para que con nuestra propia libertad de conciencia decidiéramos como vivir nuestra vida? Añadiendo: ¡De hecho, esta misma pelea esta ocurriendo continuamente dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra! Aquellos pequeños se quedaron pensativos, y de nuevo el más pequeño le preguntó:--Abuelo, ¿Y cual de los dos lobos ganará la batalla? Y el viejo cacique respondió simplemente: ¡El que alimentes! (Fin de la historia)

Resulta paradójico que algo tan extraordinario y valioso como es la vida interior, pierda día a día la importancia que tiene para ser realmente felices. Vivimos alejados de nosotros mismos dentro de esta sociedad cargada de estímulos, de actividades y de bienes materiales, y olvidamos o evitamos buscar en nuestro interior, aquello que trasciende lo material, lo superficial y rutinario. Vivimos luchando constantemente por objetivos externos, no obstante, algo más difícil y más valioso se nos pasa por alto, conquistar la paz interior, la serenidad, en último término, la felicidad y con ello la sabiduría.

Debemos tomar conciencia de que en la medida en la que dejamos de vivir una vida interior sana y apegada a principios de espiritualidad y entrega a un Ser Supremo, nuestras cualidades y virtudes se van atrofiando por vivir una vida apegada al ego y alejada del yo verdadero. Alimentemos al yo con el fin de vencer al ego. JM. Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

viernes, 14 de marzo de 2008

Reflexiones

13, UNA NUEVA GENERACIÓN PARA LA HISTORIA

Jorge Meléndrez

El día de ayer se celebró el Acto Académico de la 13ª generación de egresados de la Universidad de San Miguel. En esta ocasión y como ya es costumbre, me permití dirigirles un mensaje de despedida de nuestras aulas, haciendo énfasis en el hecho de que durante su periodo formativo, tuvieron siempre la libertad de decidir y de elegir, bajo las normas del respeto y la tolerancia, valores sustantivos que les fueron inculcados.

Que estos valores sustantivos serán, a partir de ahora, su responsabilidad pues inician un nuevo ciclo de aprendizaje dentro de las organizaciones empresariales e incluso, dentro de sus propios senderos como emprendedores.

Que no pierdan de vista que el mercado laboral, es mucho más exigente que la escuela, y por ello, deberán mantener la disciplina en el trabajo, el orden en la presentación de sus reportes, la puntualidad en el cumplimiento de sus responsabilidades, la importancia del trabajo en equipo, la disposición a trabajar bajo presión, la responsabilidad frente a clientes y proveedores, el compromiso en el desempeño de sus funciones y la búsqueda permanente de la excelencia, en suma, en todo aquello que les signifique calidad en su crecimiento y desarrollo como seres humanos serios y responsables. Que esa será quizá, su prueba de fuego en su vida profesional.

Se les dijo igualmente, que el mundo actual se mueve entre los límites que dan la tolerancia y la permisibilidad frente a la restricción y el orden, y que nunca como ahora, habíamos vivido bajo tanta confusión en los valores sociales de convivencia, los que están obligados a rescatar con el fin de recuperar la salud moral de nuestra sociedad.

Que a partir de ahora, deberán sustentar su quehacer social y profesional, en los principios de una sociedad educadora, que en esencia significa, coadyuvar y fomentar en sus ámbitos de influencia, una sociedad dispuesta a relacionarse dentro del orden y el respeto mutuo y participar mediante el ejemplo, en la formación de ciudadanos propositivos y comprometidos con el medio ambiente y el desarrollo y bienestar de su comunidad.

Que estén conscientes que la ciencia y la tecnología actual, son las fuerzas que desde mediados de la segunda mitad del siglo XX, con la era espacial, han propiciado el desarrollo de nuestras sociedades hasta el status en que se encuentran hoy día, más sin embargo, que deberán retomar el humanismo en sus vidas con el fin de coadyuvar en la construcción de una sociedad más humana y más comprometida.

Que por lo mismo, vean a la tecnología como una herramienta para hacer mejor las cosas, pero que no elviden que el verdadero soporte y fortaleza del hombre, son sus actitudes frente a los problemas que la vida les ofrece y que por lo mismo, establezcan de manera muy precisa, los límites entre la tecnología y el humanismo, ya que se corre el riesgo de que mucha tecnología tienda a deshumanizar al hombre.

Que cuando vayan a las empresas con estas ideas en la cabeza, y con una clara responsabilidad como profesionales, podrán advertir de manera muy precisa, todo lo que pueden ayudar a cambiar para hacer de sus lugares de trabajo, empresas socialmente responsables, empresas que dentro de su misión institucional, destaquen el compromiso social en programas que benefician e impacten positivamente en la preservación del medio ambiente y en las comunidades en las que tienen actividades.

Que hoy en día cuando las fronteras se han abierto al
comercio global, las organizaciones y empresas se encuentran en una constante lucha por ser cada vez más competitivas, por lo que deben prepararse para ser eficientes y capaces de dar mucho de si para el bienestar de la organización o empresa.

Que no existen hombres o mujeres que nunca hayan equivocado, y que no ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Que lo que sí existe son personas que saben sacar fuerzas de sus errores y también, personas que de sus errores sólo sacan amargura y pesimismo.

Que vayan a conquistar el mundo empresarial, que sean líderes sociales capaces de participar en el cambio, que no se dejen deslumbrar por los reflectores de la fama pública, que sean modestos pero firmes, que sean discretos pero empujen fuerte, que no desistan frente al engaño y la maledicencia, en suma, que sean hombres y mujeres de verdad. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com