viernes, 14 de marzo de 2008

Reflexiones

13, UNA NUEVA GENERACIÓN PARA LA HISTORIA

Jorge Meléndrez

El día de ayer se celebró el Acto Académico de la 13ª generación de egresados de la Universidad de San Miguel. En esta ocasión y como ya es costumbre, me permití dirigirles un mensaje de despedida de nuestras aulas, haciendo énfasis en el hecho de que durante su periodo formativo, tuvieron siempre la libertad de decidir y de elegir, bajo las normas del respeto y la tolerancia, valores sustantivos que les fueron inculcados.

Que estos valores sustantivos serán, a partir de ahora, su responsabilidad pues inician un nuevo ciclo de aprendizaje dentro de las organizaciones empresariales e incluso, dentro de sus propios senderos como emprendedores.

Que no pierdan de vista que el mercado laboral, es mucho más exigente que la escuela, y por ello, deberán mantener la disciplina en el trabajo, el orden en la presentación de sus reportes, la puntualidad en el cumplimiento de sus responsabilidades, la importancia del trabajo en equipo, la disposición a trabajar bajo presión, la responsabilidad frente a clientes y proveedores, el compromiso en el desempeño de sus funciones y la búsqueda permanente de la excelencia, en suma, en todo aquello que les signifique calidad en su crecimiento y desarrollo como seres humanos serios y responsables. Que esa será quizá, su prueba de fuego en su vida profesional.

Se les dijo igualmente, que el mundo actual se mueve entre los límites que dan la tolerancia y la permisibilidad frente a la restricción y el orden, y que nunca como ahora, habíamos vivido bajo tanta confusión en los valores sociales de convivencia, los que están obligados a rescatar con el fin de recuperar la salud moral de nuestra sociedad.

Que a partir de ahora, deberán sustentar su quehacer social y profesional, en los principios de una sociedad educadora, que en esencia significa, coadyuvar y fomentar en sus ámbitos de influencia, una sociedad dispuesta a relacionarse dentro del orden y el respeto mutuo y participar mediante el ejemplo, en la formación de ciudadanos propositivos y comprometidos con el medio ambiente y el desarrollo y bienestar de su comunidad.

Que estén conscientes que la ciencia y la tecnología actual, son las fuerzas que desde mediados de la segunda mitad del siglo XX, con la era espacial, han propiciado el desarrollo de nuestras sociedades hasta el status en que se encuentran hoy día, más sin embargo, que deberán retomar el humanismo en sus vidas con el fin de coadyuvar en la construcción de una sociedad más humana y más comprometida.

Que por lo mismo, vean a la tecnología como una herramienta para hacer mejor las cosas, pero que no elviden que el verdadero soporte y fortaleza del hombre, son sus actitudes frente a los problemas que la vida les ofrece y que por lo mismo, establezcan de manera muy precisa, los límites entre la tecnología y el humanismo, ya que se corre el riesgo de que mucha tecnología tienda a deshumanizar al hombre.

Que cuando vayan a las empresas con estas ideas en la cabeza, y con una clara responsabilidad como profesionales, podrán advertir de manera muy precisa, todo lo que pueden ayudar a cambiar para hacer de sus lugares de trabajo, empresas socialmente responsables, empresas que dentro de su misión institucional, destaquen el compromiso social en programas que benefician e impacten positivamente en la preservación del medio ambiente y en las comunidades en las que tienen actividades.

Que hoy en día cuando las fronteras se han abierto al
comercio global, las organizaciones y empresas se encuentran en una constante lucha por ser cada vez más competitivas, por lo que deben prepararse para ser eficientes y capaces de dar mucho de si para el bienestar de la organización o empresa.

Que no existen hombres o mujeres que nunca hayan equivocado, y que no ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Que lo que sí existe son personas que saben sacar fuerzas de sus errores y también, personas que de sus errores sólo sacan amargura y pesimismo.

Que vayan a conquistar el mundo empresarial, que sean líderes sociales capaces de participar en el cambio, que no se dejen deslumbrar por los reflectores de la fama pública, que sean modestos pero firmes, que sean discretos pero empujen fuerte, que no desistan frente al engaño y la maledicencia, en suma, que sean hombres y mujeres de verdad. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

lunes, 10 de marzo de 2008

Reflexiones

NUESTRO EQUIPAJE DE VIDA

Jorge Meléndrez

Al momento de nacer, los seres humanos ya traemos consigo parte de nuestro equipaje de vida; primero, un código genético que de alguna manera nos condiciona aspectos de nuestro carácter y personalidad para nuestra vida adulta y después, todo aquello que vamos adquiriendo en cada una de las etapas de nuestra vida. En realidad, nuestra maleta inicial no requiere más cosas, pues es a partir de nuestro arribo al mundo, como iremos adquiriendo todo lo necesario, incluso, todo aquello que poco necesitaremos.

Durante los primeros años de vida, serán nuestros padres quienes elegirán para nosotros lo que consideran necesario, así, iremos a una escuela primaria para aprender las primeras letras, después en la secundaria y el bachillerato. Poco a poco, nos vamos desprendiendo de la influencia de los padres, y nuestro equipaje se va conformando también con las experiencias que adquirimos en nuestra incipiente vida social, hasta llegar a nuestra juventud y todo lo que ello implica incluyendo nuestra vida universitaria o laboral.

En esta última etapa de nuestra vida, es cuando debemos empezar a valorar todo aquello que tiene que ver con nuestra vida espiritual y cercanía con Dios, pues es momento de templar el carácter que nos hará tener la fortaleza suficiente para subsanar todas las dificultades que habremos de enfrentar. Es una etapa de forja y construcción de lo que será nuestra vida adulta y las responsabilidades que deberemos enfrentar si queremos una vida plena y feliz, tanto en nuestras relaciones laborales como familiares. Después de esta etapa, el aprendizaje se torna difícil, y por lo mismo, nuestro equipaje empieza también a ser más ligero.

Hay una breve pero aleccionadora historia que nos ejemplifica muy bien el tamaño de nuestro equipaje en nuestra edad adulta, y sobre todo, la actitud que debemos asumir frente a las cosas materiales que muchas veces nos causan un gran apego y por lo mismo una gran aflicción. Esta historia es la siguiente:

“Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la Ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de aprender los usos y las costumbres de este pueblo milenario. Allá, le toco conocer a un hombre muy respetable y respetado por todos por su gran sabiduría y además, por su enorme riqueza tanto material como espiritual; sin embargo, a pesar de su riqueza material, el turista se sorprendió al ver que aquel hombre vivía en una habitación muy modesta, pues solo se concretaba a un cuarto muy simple y lleno de libros, y donde las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un par de bancos. --¿Dónde están sus muebles? preguntó el turista. Y el Sabio, rápidamente, también preguntó: --¿Y dónde están los suyos...? --¿Los míos?, se sorprendió el turista. --¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso! --¡Yo también, concluyó el Sabio!”
La sabia respuesta de aquel hombre, nos lleva a buscar entender la forma como estamos llevando nuestro equipaje de vida, muchas veces con la actitud de tener y acumular sin percatarnos que la vida en la tierra es solamente temporal, y que la vivimos como si fuéramos a quedarnos aquí eternamente. Que a menudo olvidamos que la verdadera felicidad y realización personal, está en función de cómo tratamos a los demás y que el valor de las cosas y los momentos, no están en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que se viven. Por eso existen momentos maravillosos, inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables. Hagamos solo como ejercicio mental, las siguientes reflexiones antes de abandonar esta vida.

1. Dios no nos preguntará el modelo de auto que tuvimos; nos preguntará a cuánta gente ayudamos.
2. Dios no nos preguntará los metros cuadrados de nuestra casa; nos preguntará a cuánta gente recibimos en ella.
3. Dios no nos preguntará la marca de la ropa en nuestro closet; nos preguntará a cuántas personas ayudamos y aliviamos su pobreza.
4. Dios no nos preguntará el nivel de nuestro salario; nos preguntará si vendimos nuestra conciencia para obtenerlo.
5. Dios no nos preguntará cuál era el título profesional que ostentamos; nos preguntará si hicimos nuestro trabajo bien y con honestidad.
6. Dios no nos preguntará cuántos amigos tuvimos; nos preguntará cuánta gente nos consideraba realmente como un amigo verdadero.
7. Dios no nos preguntará en qué barrio o colonia vivimos; nos preguntará cómo tratábamos a nuestros vecinos.
8. A Dios no le importará el color de nuestra piel; le interesará la pureza de nuestra alma.
9. Dios no nos preguntará por qué tardamos tanto en buscar la Salvación a través de su palabra; simplemente nos acogerá como un padre amoroso en el Cielo.
10. Dios no nos preguntará por el tamaño de nuestro equipaje, solo nos preguntará que hicimos con los talentos que nos dio.” (Fin de la historia)

Aleccionadora historia, verdad, digna de meditar y reflexionar. JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com

viernes, 29 de febrero de 2008

Reflexiones

NUESTRAS VOCES INTERNAS

Jorge Meléndrez

Los seres humanos somos sociables por naturaleza y por lo mismo nos pasamos la vida tomando decisiones sobre todo aquello que nos compete hacer, ya sea a favor nuestro o de los demás. Estas decisiones son tomadas, por lo general, previamente meditadas, por impulsos intuitivos o simplemente al azar. Cualquiera de estas formas de actuar, nos lleva siempre a resultados que nos satisfacen y aceptamos aunque sea de mala gana, o bien, las rechazamos totalmente. Así es como actuamos, en ciertas circunstancias somos muy racionales, y en otras tantas nos dejamos llevar por nuestras emociones o estados de ánimo.

Para que podamos obtener los resultados previstos para nuestra vida, debemos de estar muy atentos en la forma como actuamos ante diversas circunstancias que se nos presentan, siguiendo pequeñas reglas que nos dicta nuestra conciencia moral, y tratando a los demás como nos gustaría a nosotros ser tratados. Una regla simple pero siempre efectiva.

Debemos estar atentos también, al hecho de que debemos aprender a escuchar la voz de nuestra conciencia, pues el fin y al cabo, es nuestro más severo juez al momento de valorar los resultados obtenidos.

De acuerdo a algunos estudiosos de esta condición humana, la conciencia es la noción que tenemos los seres humanos de las sensaciones, pensamientos y sentimientos que se experimentamos en un momento determinado. Es algo así como la comprensión del ambiente que nos rodea y del mundo interno de los demás. Nuestra conciencia esta matizada con nuestras emociones y por lo mismo, debemos actuar en concordancia sin violentar nunca el derecho de los demás, con el fin de no actuar de manera irreflexiva o haciendo daño aún de manera involuntaria.

Algunos autores consideran que existen numerosos mitos sobre las emociones, siendo uno de ellos el que son de carácter irracional y que por lo mismo, no pueden ser meditadas y argumentadas de acuerdo a la razón o mediante la inteligencia. Estos mismos autores ubican los impulsos emocionales en órganos como el corazón o el estómago, por ser donde se perciben los efectos de las mismas ante determinadas circunstancias, sin embargo, muchos otros estudiosos como Richard Lazarus, por ejemplo (Pasión y Razón, Editorial Paidos, Año 2000), señalan que las emociones van de la mano con la inteligencia y la racionalidad, por la cual, los seres humanos son los únicos seres de la creación conscientes de su destino y que además, perciben de manera muy especial, las dimensiones del tiempo, como el solo por hoy, el ayer y lo que vendrá.

Nuestras emociones son respuestas racionales a determinadas circunstancias que se nos presentan en la vida cotidiana y de igual manera, por lo general, son impulsos que generamos de acuerdo a patrones de conducta aprehendidos desde nuestra infancia y asimilados a nuestro carácter en la edad adulta. De hecho, podemos aprender mucho sobre nosotros mismos, si somos capaces de poner atención a nuestras emociones, y lo debemos hacer, sobre todo, por el simple hecho de que al entenderlas cabalmente, estaremos en condiciones de adquirir cierto control sobre ellas, en especial aquellas que nos angustian y perturban nuestras relaciones laborales o familiares.

Debemos estar atentos a las voces que se generan en nuestro interior cuando nos encontramos ante determinadas circunstancias, voces que por lo general nos dicta nuestra conciencia como si fuesen emanadas de ángeles que buscan y procuran nuestro bien, o malvados diablillos que buscan desestabilizarnos pretendiendo que tomemos malas decisiones. No en vano el libro sagrado nos enseña que el maligno nos presenta siempre el camino amplio y el sendero lleno de luces de fantasía donde la recompensa son el placer y las cosas vanas de la vida, en cambio, Jesús siempre nos habló del camino angosto y lleno de sacrificios. En algún otro pasaje, nos habla también de que Jesús, nos guarda siempre el mejor vino para el final de la fiesta, en tanto que el maligno nos habla a nuestra conciencia regalándonos el mejor vino de las mejores uvas que nos llevan a la amargura existencial.

Si no estamos preparados para interpretar los mensajes que nos llegan como veces internas de nuestra conciencia, nos pasaremos la vida cometiendo siempre los mismos errores y nuestro crecimiento espiritual será nulo.

La conciencia es el mejor lugar de encuentro que tiene el hombre consigo mismo, y más aún, el núcleo más secreto e íntimo, donde establece su lugar de encuentro con Dios. ¿Y tú, ya aprendiste a identificar las veces internas de tú conciencia? JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com

viernes, 22 de febrero de 2008

Reflexiones

PARA ENTENDER EL PLAN DE DIOS

Jorge Meléndrez

A lo largo de los tiempos, los seres humanos hemos emprendido muchas búsquedas en el afán de encontrar a Dios, sin darnos cuenta que Él siempre está con nosotros, y más a aún, siempre está interesado en los detalles más ínfimos de nuestra vida pues le importan mucho los deseos que nacen de nuestro corazón y revelarnos la verdad que nos hará libres de toda preocupación. Para ello dejó por escrito todas tanto el antiguo como del nuevo testamento, claves para entender el Plan de Dios para con nosotros los seres humanos.

Es importante hacer notar que aquí, el significado de la palabra “Plan”, debe entenderse como una “intención superior,” muy por encima del significado terrenal que nos lo define, como una serie de acciones y pasos que debemos dar para conseguir un objetivo previsto. Por ello, el Plan de Dios como intención superior, está concebido para que el hombre pueda hacer lo mejor y lograr con ello los mejores resultados, con el único fin de vivir y morir en comunión con la fe en el altísimo.

No tengo ninguna duda que los seres humanos buscamos nutrir nuestra vida con todo aquello que signifique paz para nuestro espíritu y crecimiento para nuestra vida. Esta afirmación es hoy en día una verdad de alto significado, pues vivimos una de las etapas cíclicas más angustiosas de la historia de la humanidad, pues se cumple fielmente el aforismo del Dr. Martín Luther King, quién además de ser un defensor de los derechos humanos de los afro americanos en los Estados Unidos de Norteamérica, se distinguió como Pastor de una Congregación Bautista Cristiana, ante quienes en cierta ocasión, en la disertación de la palabra, dijo: “Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos.” Hoy en día, aún persiste en el mundo el entorno señalado por el Dr. Luther King, aunado al hecho de que en muchas personas se manifiesta un vacío existencial muy grande por el simple hecho de que han abandonado la idea de Dios en su corazón, y por considerar que todo se resume a principios religiosos, cuando en realidad, el significado de la palabra de Dios está mucho más allá de las interpretaciones que los humanos hacemos de ella, y de los cánones que nos imponemos a través de las distintas corrientes religiosas que existen en el mundo y donde la competencia por declararse poseedores de la verdad y de ser la única religión válida, ha propiciado alejamiento paulatino de muchos, y proliferación de corrientes filosóficas donde imperan las ciencias esotéricas y otras como la cienciología y el aprendizaje del lenguaje de los seres de luz, propuesto por J.J. Hurtak entre otras manifestaciones del hombre por entender el Plan que Dios nos tiene reservado.

En el libro del nuevo testamento, (Mateo 7:13-14) podemos leer que Jesús habló de un camino angosto que lleva a la vida y otro muy espacioso que lleva a la destrucción, advirtiéndonos que debíamos permanecer dentro del camino angosto, pero dejando a nuestro libre albedrío elegir cual camino tomar. Para entender el Plan de Dios respecto a cada uno de nosotros, debemos aceptar que existe un plan único e indivisible para cada ser humano y aunque algunos puedan ser parecidos, siempre serán diferentes, razón por la cual, cada uno de nosotros debemos aprender a escuchar la voz de Dios cuando a susurros nos dice que le importamos y que no desea para nosotros ningún mal.

Muchas personas piensan que es increíble que Dios pueda tener un plan para cada persona, sin embargo, creerlo nos produce una satisfacción íntima pues nos hace sentir que en verdad le importamos y está pendiente de cada uno de los pasos que damos en nuestra vida. Oír la voz de Dios no solo es apasionante, sino que además, nos mantiene en el camino correcto.

Cuando entendemos que Dios nos habla a través de hechos simples y cotidianos y entendemos los mensajes cifrados que nos envía, es cuando sentimos una profunda paz interior que nos invita a ser mejores personas, a cuidar nuestro cuerpo, a mantener limpia nuestra alma y a purificar nuestro espíritu. Entonces y solo entonces, podremos entender el plan de Dios y el profundo significado de las palabras que poco antes de ser crucificado dijo Jesucristo a sus Apóstoles: (Juan 14:27) “La paz os dejo, mi paz os doy, más yo no os la doy como el mundo la da, por lo que no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” ¿Conoces el Plan de Dios reservado para ti? JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com

viernes, 15 de febrero de 2008

Reflexiones

LA VIRTUD DE LA OBEDIENCIA

Jorge Meléndrez

Los seres humanos somos gregarios por naturaleza y por lo mismo, vivimos dentro de esquemas de reglas de convivencia, ya sea dentro del hogar, en la escuela, en el centro de trabajo o en la sociedad misma, reglas que en muchas ocasiones son coincidentes con nuestra forma de pensar, y en otras tantas, podemos advertir divergencias notables. Lo que sí es una verdad de Perogrullo, es que dichas reglas fueron hechas para ser tomadas en cuenta a la hora de decidir algo.

De lo anterior, se desprende el hecho de que vivimos condicionados por el respeto a dichas normas, y por lo mismo, a guardar la vigencia de las mismas a través de la obediencia a todas y cada una de los ordenamientos que en dichas normas se señalan, lo que se traduce, por lo general, a una sana convivencia entre las personas. En pocas palabras, si estamos condicionados a convivir socialmente, lo menos que debemos hacer para que las relaciones sean sanas y de respeto mutuo, es hacerlo de acuerdo a las normas establecidas.

Habría que reconocer que la obediencia es, en muchas ocasiones, una acción poco agradable para las personas, por el simple hecho de que como seres humanos en libertad de decidir, sentimos que se nos coarta dicha liberad y se nos sujeta a criterios emanados de terceros, los que en ocasiones, no son coincidentes con los nuestros. Pongamos como ejemplo los límites de velocidad dentro de la ciudad y en vialidades periféricas, y ni que decir del estacionamiento de vehículos en las aceras de las calles y avenidas, así como los pases peatonales y los semáforos. Solo en estos ejemplos, podemos ver cotidianamente, violaciones al reglamento vigente, y lo hacemos tan natural y cotidiano, que nos acostumbramos y terminamos creyendo que todo está bien, y que quienes están mal, son los uniformados agentes que sufren las de Caín para hacer valer la obediencia de dichas normas.

Podemos trasladarnos al hogar, y con seguridad podremos advertir muchos momentos en los que se rompen las más elementales reglas de convivencia, que por lo mismo trastocan el orden y la disciplina. Aquí, los paterfamilias y sobre todo las mamás, hacen grandes esfuerzos por que se cumplan dichas normas, pues al no estar escritas, hacen pensar y sentir a los miembros de las familias, sin importar el rol que desempeñen dentro de las mismas, que cada quién puede hacer lo que se le antoja, aún si va en contra del elemental derecho de los demás miembros.

En la escuela, tenemos también la oportunidad de ver como se violentan las más elementales reglas de convivencia entre alumnos y profesores, ya sea en los horarios de entrada y salida, en el cumplimiento de los deberes escolares, en el orden y la disciplina dentro del aula entre otras, situaciones que a pesar de ser aspectos que en muchas ocasiones están escritos en un reglamento interior, la inercia y la costumbre nos llevan al incumplimiento cotidiano.

De igual manera, las empresas como centros de trabajo, no están exentas de este mismo fenómeno, donde tanto empleados como clientes, en ocasiones no cumplen con lo establecido, lo que de alguna manera, genera ambientes de malestar y a la postre, bajos niveles de rentabilidad en detrimento de los intereses de los accionistas o dueños de las mismas.

Podemos advertir, en estos breves ejemplos, que existe una marcada tendencia a la desobediencia, en los ámbitos donde nos desenvolvemos diariamente, por lo que es necesario hacer un alto y meditar un poco acerca de este fenómeno de la conducta humana, con el fin de empezar a cambiar formas, estilos y esquemas que poco bien le hacen a una sociedad en desarrollo, pues de no modificar nuestros criterios, estaremos condenados a vivir en una sociedad en deterioro.

Debemos empezar a admitir que nuestro ámbito de libertad concluye en los límites de la libertad de los demás, así como a reconocer que por naturaleza humana, somos personas diferentes entre sí, en gustos y preferencias y por lo mismo, debemos empezar a cambiar nuestros viejos hábitos donde buscamos siempre “ganar” aunque otros pierdan. Cambiar esta óptica, nos llevará a un esquema de “ganar, ganar” y por lo mismo, a vivir en una sociedad más educada y más rica en ambientes de cultura social.

Debe quedar claro, la obediencia no hace distinciones de personas y situaciones, para que sea realmente un valor de convivencia y una virtud humana, debe ir acompañada de nuestra voluntad de hacer las cosas, agregando nuestro ingenio y capacidad para obtener un resultado igual o mejor de lo esperado. Por tanto, el obedecer es un acto consciente, producto del razonamiento, discriminando todo sentimiento opuesto hacia las personas o actividades.

Moraleja: La obediencia es una virtud que debe iniciar como un hábito cotidiano, para después convertirse en una costumbre de vida. ¿No lo cree usted así? JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com
Reflexiones

EL VALOR DE SER PERSONA

Jorge Meléndrez

El ser humano pensante, con sentimientos y voluntad, es de un valor incalculable merced a su dignidad individual, y por el hecho de que la persona humana tiene un dinamismo interior que la impulsa a rechazar el ser tratada como un objeto, como un mero medio y no como un fin. La persona desea, desde lo más profundo de su ser, ser tratada como persona digna y respetable.
Por otra parte, frente a la persona humana, tenemos al grupo social, que no es otra cosa más que la unión solidaria de individuos en ocasiones diferentes entre sí pero con un fin común que los dignifica de manera individual. En ese sentido, el grupo social disfruta del valor que le otorgan cada uno de sus integrantes, por el hecho de que cada integrante, es en si mismo una persona total y acabada. El grupo social es en si mismo, una suma de individuos, de voluntades y de conciencias, aunque no siempre concordantes entre si.

Tenemos entonces que en el mundo, coexisten de manera simultanea grupos e individuos, y aunque por si mismos cada uno de ellos disfruta de un valor incalculable, por el simple hecho de que la persona humana es de individualidad y singularidad absoluta, tiene un valor mayor que el del grupo social al que pertenece, por la simple y sencilla razón de que el grupo en sí mismo es tan solo una forma social producto de la evolución social del hombre mismo.

Lo bueno de todo, es que el grupo significa frente al individuo, ausencia de vulnerabilidad frente al entorno, por el hecho de que dentro de los grupos, es donde se da con frecuencia el valor de la solidaridad, pues en la medida en la que cada integrante aporte fuerza, inteligencia y voluntad de manera sinérgica, el todo resultante es mucho mayor que la suma de los esfuerzos y aportaciones individuales, lo que significa que el individuo dimensiona su valor, pues por el solo hecho de dar y darse a sí mismo, recibe y se engrandece.
Hay quienes piensan, sin embargo, que el individuo que no pertenece a grupo alguno es un individuo cuyo valor es intrascendente, sin embargo, no perciben que el valor de la trascendencia individual, se da más por como un acto cualquiera a través del cual el ser humano va más allá de sí mismo, elevándose a una etapa evolutiva más elevada.
Por ello es necesario educarnos en la virtud o el valor del ser individuos totales y acabados, trascendentes y humanos en el más amplio sentido y significado de la palabra y no perder el sentido de ser persona, respetuosa y tolerante con otros individuos que por el solo hecho de serlo, disfrutan de la misma dignidad trascendente como la nuestra.
Debemos también aprender a estar conscientes de que el valor del grupo está en función del valor del individuo, y no a la inversa, aunque no por ello se excluya la importancia de cultivar el valor de la solidaridad con el grupo social al que pertenecemos, pues ello nos engrandece como personas y nos enriquece por el aprendizaje de las virtudes y valores que aportan el resto de los individuos con quienes sinergizamos.
La autorrealización del individuo se contempla como un proceso progresivo, personal, responsable y liberador que permite al ser humano ir más allá del mundo material que lo rodea, así como lograr una síntesis que integre a sí mismo las polaridades y dicotomías entre las que sobrevive, como son: cuerpo-mente, razón-intuición, materia-espíritu, sujeto-objeto, yo-tú, nosotros-los otros. En ese sentido, la unificación de los opuestos constituye el camino de la autorrealización personal, y en la medida de que se logra, se logra también la realización del grupo social.
Es decir, toda persona, en su proceso de autorrealización, tiende naturalmente hacia el desarrollo del potencial contenido en cada una de las dimensiones propias de su naturaleza, pues la realización de si mismo es lo que constituye el fin más noble y elevado al que el hombre puede aspirar y elegir. Esto significa que el ser humano puede optar por seguir esta tendencia natural y ser en trascendente por sí mismo o trascender dentro del grupo al que pertenece, sin por ello abandonar el valor de su individualidad. ¿Y usted que piensa al respecto? JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com

miércoles, 13 de febrero de 2008

Reflexiones

LAS CUATRO PUERTAS DEL ALMA

Jorge Meléndrez

En los tiempos actuales, una gran parte de la humanidad vive una tremenda soledad por el simple hecho de que ha abandonado la idea de Dios en sus vidas. Ese abandono no significa de manera alguna que ÉL se haya alejado de nosotros, sino todo lo contrario, al hecho de que permitimos que a nuestras vidas lleguen más fácilmente las palabras que el maligno nos dicta y con las cuales orienta nuestras conductas y actitudes. Las asimilamos así, por el simple hecho de que nuestros sentidos están más atentos a las cosas materiales y superfluas que a las que tienen que ver con la espiritualidad.

Al respecto, deseo comentar que hace algunas semanas asistí a una charla conferencia impartida por un Pastor de la Iglesia Cristiana, cuyo tema me pareció atractivo en si mismo, lo que pude comprobar con el contenido disertado. Una de las cosas que llamó mi atención fue el concepto de que el ser humano rige su vida de acuerdo a un modelo de “cuatro puertas en el alma”, el que puede resumirse en la permanente intervención de Jesucristo en la vida de los hombres y cuya muerte tuvo el significado de limpiar el alma de todo lo insano. Es decir: 1. Liberarnos de toda atadura ancestral, 2. Limpiar las impurezas del alma, 3. Sanar nuestras heridas, Perdonando los pecados y las ofensas y 4. Dar la Paz a través de la palabra.

Esto es en resumen, sin embargo, habría que comentar en que consiste la metáfora de las cuatro puertas, con el fin de entender mejor como es que Jesucristo interviene en nuestras vidas.

En primer lugar, debemos de aceptar que una de las puertas que es necesario cerrar para estar en paz con Dios, es la que tiene que ver con todo aquello que nos fue heredado por nuestros ancestros, quienes por falta de un metódico acercamiento a la palabra de Dios, practicaban actos y rituales de magia y ocultismo, condición que ha venido quedando a través de las generaciones posteriores como creencias en mitos, cartas astrales, tarot, adivinaciones, hechicería, magia blanca, ouija entres muchas otras prácticas que las sociedades modernas de todas las edades han practicado alguna vez con mas o menos entusiasmo.

En la medida en la que nos aferremos a este tipo de prácticas de manera inconsciente o no, vamos dejando abierta la puerta para que el maligno permanezca en nuestras vidas dictándonos conductas ya actitudes contrarias a las indicadas por la palabra escrita en el viejo y el nuevo testamento. Basta decir que somos presa fácil de todo aquello que nos significa “comodidad” en nuestra religiosidad, pues hacemos oídos sordos a todo aquello que se nos indica como prohibido.

La segunda puerta, y que al igual que la anterior debemos empezar a cerrar en nuestra vida, tiene que ver con las herencias que registramos en nuestro código genético, las que al igual que las anteriores, significan ataduras en nuestra vida, pues nos condicionan de manera no consciente, a seguir los pasos, de nuestros ancestros inmediatos como son padres, abuelos y bisabuelos. Ese tipo de ataduras tienen que ver con prácticas poco sanas como son los malos hábitos de nuestra vida, y que no nos permiten crecer y desarrollarnos sanamente.

La tercera puerta, tiene que ver mucho más con el ámbito de nuestras actitudes cotidianas y que de alguna manera, nos alejan de la práctica permanente de la palabra de Dios y de su cercanía personal. Aquí entran todos los actos voluntarios o involuntarios que llevamos a cabo y que la iglesia los cataloga como pecados que deben ser confesados en un “Mea culpa” personal frente a Dios o a través de un sacerdote confesor quien puede otorgar la absolución de los mismos. Esta es una de las puertas más difíciles de cerrar, pues implica renunciar a todos aquellos malos hábitos de vida como son los egos que se pegan a nuestro ser y forman parte de nuestro modo de vida cotidiano. Se requiere de una gran fuerza de voluntad y de un permanente encuentro con Jesús y su palabra, único ser que nos conforta el alma después del arrepentimiento.

La cuarta puerta se refiere a todas las heridas del alma que recibimos a lo largo de nuestra vida, muchos de los cuales, quedan como recuerdos dolorosos de nuestra infancia y que por alguna razón no alcanzamos a resolver de manera consciente. Este tipo de herencias, tienen que ver con emociones negativas como el miedo a la vida, las fobias, los temores a lo desconocido entre otros, que muchas ocasiones requieren de intervención de especialistas en el ámbito de la psicología transpersonal o existencial.

Estoy seguro que siguiendo este sencillo modelo de vida, y aprendiendo a cerrar oportunamente cada una de éstas puertas, tendremos una vida más apacible, más cercana a Dios y sobre todo, más llena de satisfacción personal y por ende de felicidad. JM Desde la Universidad de San Miguel

udesmrector@gmail.com
Reflexiones

LA MAGIA DE SABER EDUCAR A LOS HIJOS

Jorge Meléndrez

Una de los aspectos que siempre es necesario evaluar dentro del seno familiar, es la relación existente entre padres e hijos adolescentes, por el simple hecho de que la familia es considerada como el núcleo primario formativo de personas que, una vez adultas, continuarán con los patrones de conducta aprendidos.

Partimos de las premisas básicas de que esta relación, como fenómeno social, ha venido cambiando con el tiempo y además, que en la actualidad en una sociedad como la nuestra, coexiste un amplio abanico de criterios que hacen que la pluralidad sea la constante más frecuente en cuanto a conductas de padres e hijos se refiere. Es importante señalar que lo aquí comentado, esta fundamentado en una serie de lecturas de autores diversos como son educadores, psicólogos, sociólogos entre otros, así como de la experiencia y la observación que durante más de cuarenta años he tenido como profesor de asignatura en distintas universidades del país.

Algunos autores basan sus conclusiones en estudios de carácter científico y otros más en reflexiones empíricas, sin embargo, todo lo aquí señalado solo debe ser considerado como elementos guía de carácter general.

La regla que prevalece en la relación de los padres con los hijos dentro del seno del hogar, es dual, por un lado, los padres consideran que en esa edad los hijos entran en la etapa formativa más difícil de su vida, y por lo mismo, deben de estar más atentos de lo que hacen o dejan de hacer, y en respuesta, los hijos piensan que los padres se preocupan demasiado y asumen conductas donde el desdén a las recomendaciones es una de las constantes más frecuentes.

Es precisamente en ese escenario dual donde se dan la mayor parte de las diferencias de opinión y por lo mismo, las dificultades entre ambos, surgiendo así, los distanciamientos, los enojos, las represiones e incluso los golpes, todo dentro de un ambiente de autoritarismo y rebeldía.

Los padres aún jóvenes donde el adolescente es el hijo mayor, tienen más posibilidades de convertirse en padres comprensivos y altamente permisibles, pues son producto de una generación donde los cambios socioculturales empezaron a aflorar en nuestra sociedad como fiel reflejo de lo que sucedía en el mundo y fueron actores de aquellos movimientos juveniles de la época de los sesenta que de alguna manera, sirvieron como parteaguas de los cambios sociopolíticos que hoy vivimos.

Por otro lado, los padres cuyos hijos adolescentes son los menores, asumen una actitud diferente en la conducción de sus hijos, pues pertenecen a una generación donde aún se conservaban los valores más sustantivos de las familias, como son el respeto irrestricto a los padres, la participación de los hijos en las tareas del hogar, la convivencia en el marco de creencias religiosas sólidas entre otras, elementos todos que les hacen ser padres menos comprensivos de lo que les está tocando vivir a sus hijos y por lo tanto, son también menos permisibles y comprensivos.

Por otro lado, tenemos un elemento adicional, que es aplicable en ambos tipos de familias antes señaladas, y que viene a ser el hecho de que como seres humanos, arrastramos con nosotros los miasmas transgeneracionales que nos han sido heredados y que de alguna manera, son los que norman nuestras conductas y actitudes frente a la vida, las que van desde la represión y la incomprensión, hasta la laxitud y la alta permisibilidad, donde en el primer caso, asumimos actitudes con las cuales, en el afán de formarlos para su bien, les infringimos serios daños emocionales que a la larga los harán seres indefensos e inmaduros y en el segundo caso, personas irresponsables por el simple hecho de que no aprendieron el rol que debían asumir en su vida adulta.

Los hijos de ambos tipos de familias por su parte, conviven hoy en día en un ambiente donde la influencia de la globalización y los avances tecnológicos son la constante más frecuente y por lo mismo, son jóvenes que han aprendido a preocuparse menos por el futuro y a vivir más el presente, sus conductas son más relajadas y mantienen una mayor libertad de conciencia y una espiritualidad más laxa.

Y es precisamente en este escenario general, donde los padres debemos asumir nuestra responsabilidad de ser formadores y orientadores de nuestros hijos, para lo cual, los mejores ingredientes para todo tipo de familias son tres palabras mágicas: Amor, Comprensión y Respeto. Amor, para envolverlos en una tela de calor humano, Comprensión para entender que un día deberán valerse por sí mismo pues ya no estaremos con ellos y Respeto a su individualidad pues son seres humanos distintos a nosotros pues aunque lleven nuestra propia sangre, han abrevado en mundos y culturas diferentes. ¿No lo cree usted así? JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com

domingo, 10 de febrero de 2008

Reflexiones

LOS AMIGOS SON COMO UN TESORO

Jorge Meléndrez

Una de las grandes satisfacciones que tiene el ser humano en su vida cotidiana, es la seguridad de contar con grandes amigos, amigos verdaderos en toda la extensión de la palabra, pues la verdadera amistad no se mide ni en sana distancia y en sana cercanía, sino en un sentimiento de solidaridad y de compartir gustos, tristezas y alegrías, aunque muchas veces quedamos en lo anecdótico, la broma, el buen momento ó pasivamente en disposición para lo que se ofrezca. La esencia principal de la amistad, radica en los valores que son el cimiento de las relaciones duraderas, porque el tener amigos sobrepasa con mucho la superficialidad de tener conocidos.

Con el paso del tiempo, la amistad se fortalece sin darnos cuenta, la convivencia ha traído consigo aficiones, gustos e intereses en común, compartiendo preocupaciones, alegrías, tristezas, y la seguridad de contar con un apoyo incondicional. Así es la verdadera amistad, pues el amigo sufre y llora con nosotros y comparte nuestras penas, con la misma intensidad como comparte nuestras alegrías.

En nuestra casa, nos consideramos privilegiados, pues con frecuencia recibimos la visita de verdaderos amigos, con quienes no caben los protocolos ni los eufemismos, simple y sencillamente nos deleitan con su presencia y nos contagian con su entusiasmo. Hoy viernes tuvimos una visita de esta naturaleza, una amiga que llegó con su paso firme y su mirada tierna, y sin mediar explicaciones, nos llenó de presentes exquisitos. ¡Gracias Elida por tu amistad!

Debemos dar gracias a Dios de que existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad, mejor dicho causalidad de haberse cruzado en nuestro camino. Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo pasar el tiempo y hay otras en cambio, que apenas vemos entre un paso y otro. A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.

Algunos son como las hojas de un árbol, del árbol de nuestra vida, donde los primeros amigos incondicionales son nuestros padres, que nos muestran lo que es la vida, luego valoramos a nuestros hermanos, con quienes en ocasiones nos une una buena amistad y con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros, y luego, el tiempo nos enseña, a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien, esos son nuestros verdaderos amigos.

A muchos de ellos los denominamos amigos del alma y del corazón, pues son sinceros e incondicionales pues saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz y lo que necesitamos sin que se lo pidamos.
Un amigo(a), es como un bálsamo a nuestras penas, un brillo de alegría a nuestros ojos, una música para nuestros oídos y muchas veces, una oración para nuestras angustias, pues acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro, durante el tiempo que estamos cerca. También hay amigos distantes, sobre todo aquellos que están en la punta de las ramas de nuestro árbol y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra y aunque no los vemos seguido están siempre cerca en nuestro corazón.

El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas, algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones. Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría. Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestras vidas.

Cada persona que pasa en nuestra vida es única y siempre, siempre, deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros, sin embargo, habrá también los que se llevarán mucho y, habrá de los que no nos dejaran casi nada. Esta es la situación en la que se comprueba que dos almas no se encuentran por casualidad.
Es de gran utilidad considerar la gran importancia que tienen los valores para fortalecer el valor de la amistad, entre los más importantes se encuentran la congruencia, la flexibilidad y el respeto. La congruencia con el fin de mostrar una personalidad única con todas las personas y en todos los ambientes, la flexibilidad para saber como entender nuestras diferencias y el respeto, para entender que son precisamente las diferencias lo que nos une y no lo que nos separa, y no pretender que sean a nuestra imagen y semejanza.

Así es la amistad, un tesoro de valor inexplicable, pues nos facilita la comunicación y permite a su vez acrecentar nuestro círculo de amistades. Debemos tomar en cuenta que una amistad de conveniencia, no será nunca una amistad verdadera, pues el valor intrínseco de la amistad es la incondicionalidad con la que se prodiga. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

sábado, 2 de febrero de 2008

Reflexiones

PARA APRENDER A VER LO EVIDENTE

Jorge Meléndrez

Los seres humanos estamos acostumbrados a llamar “milagro” a todo aquello que nos parece extraordinario o increíble, y basamos nuestra fe en Dios y los santos hombres, en función de los milagros que de ellos se tienen registrados y actuamos frente a ellos, con toda veneración esperando nos concedan alguno, pues habría que aceptarlo, siempre estamos necesitados de consuelo espiritual por los problemas que padecemos. Sin embargo, a pesar de que todos los días somos testigos de milagros sustantivos, como por ejemplo el ver salir el sol o simplemente disfrutar del tener vida, nos resistimos a ver lo evidente.

Hay una pequeña historia que nos ejemplifica muy bien esta situación, de que nos resistimos a ver las evidencias que nos dejan los milagros cotidianos. La historia cuenta que “…tres personas iban caminando por una vereda de un bosque; uno era un hombre de gran sabiduría y con fama de hacer milagros, otro era un hombre rico del lugar pues era un terrateniente dueño de muchas tierras y, un poco atrás de ellos y escuchando la conversación, iba un joven alumno del hombre sabio.

Fue entonces cuando el hombre rico, dirigiéndose al sabio dijo: -- Me han dicho en el pueblo que eres una persona muy poderosa y que inclusive puedes hacer milagros. – No crea, solo soy un anciano cansado --¿Cómo cree usted que yo podría hacer milagros? respondió. -- Me han dicho que sanas a los enfermos, que haces ver a los ciegos y vuelves cuerdos a los locos, y esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso. -- ¿Ah, se refiere a eso? Usted lo has dicho, esos milagros solo los puede hacer alguien muy poderoso, no un viejo como yo. – Mire, esos milagros los hace Dios, yo solo pido se conceda un favor para el enfermo, o para el ciego, y todo el que tenga la fe suficiente en Dios puede hacer lo mismo.

-- Yo quiero tener la misma fe para poder realizar los milagros que tú haces, muéstrame un milagro para poder creer en tu Dios. Ante la insistencia de aquel hombre, el sabio aceptó mostrarle tres milagros. Y así, con la mirada serena y sin hacer ningún movimiento le preguntó: -- ¿Esta mañana vio usted salir el sol?-- Sí, claro que sí.-- Pues ahí tiene un milagro, el milagro de la luz. -- No, respondió el hombre aquel, yo quiero ver un verdadero milagro. Oculta el sol o saca agua de una piedra. -- Mira, hay un conejo herido junto a la vereda, tócalo y sana sus heridas. –- Ah, dijo el sabio, ¿Quieres un verdadero milagro?, ¿No es verdad que tu esposa acaba de dar a luz hace algunos días? -- ¡Si! Fue varón y es mi primogénito. -- Ahí tienes el segundo milagro, el milagro de la vida. -- Tú no me entiendes, quiero ver un verdadero milagro. -- ¿Acaso no estamos en época de cosecha?, no hay trigo y sorgo donde hace unos meses solo había tierra? -- Sí, igual que todos los años. -- Pues ahí tienes el tercer milagro.

-- Creo que no me he explicado. Lo que yo quiero es… Sus palabras fueron cortadas por el sabio, quien convencido de la obstinación de aquel hombre y seguro de no poder hacerle comprender la maravilla que existe en todo aquello que le había mostrado señaló: -- Te has explicado bien, yo ya hice todo lo que podía hacer por ti. Si lo que encontraste no es lo que buscabas, lamento desilusionarte, yo he hecho todo lo que podía hacer. Dicho esto, el rico terrateniente se retiro muy desilusionado por no haber encontrado lo que buscaba. El Sabio y su alumno se quedaron parados en la vereda, y cuando el hombre aquel ya iba muy lejos como para ver lo que hacían, el sabio se dirigió a la orilla de la vereda, tomo al conejo, soplo sobre el y sus heridas quedaron curadas; el joven estaba algo desconcertado:

-- Maestro te he visto hacer milagros como este casi todos los días, ¿Por que te negaste a mostrarle uno al caballero?, ¿Por que lo haces ahora que no puede verlo? –- ¡Porque lo que él buscaba no era un milagro, sino un espectáculo! Contesto el sabio, añadiendo: -- Pudiste ver que le mostré tres verdaderos milagros y no pudo verlos. Por esta razón, recuerda siempre que para ser Rey primero hay que ser príncipe, y que para ser maestro primero hay que ser alumno, no puedes pedir grandes milagros si no has aprendido a valorar los pequeños milagros que se te muestran día a día”. (Fin de la historia)

El día que aprendamos a reconocer a Dios en todas las pequeñas cosas que ocurren en nuestra vida, ese día comprenderemos que no necesitamos más milagros que los que Dios nos da diariamente sin que se los hayamos pedido. Por ello, debemos aprender a ver siempre lo evidente en todas las cosas cotidianas. JM Desde la Universidad de San Miguel.

Udesmrector@gmail.com

domingo, 27 de enero de 2008

Reflexiones

LAS PESADAS CARGAS DEL ALMA

Jorge Meléndrez

Hace algunas semanas tuve la oportunidad de releer un pequeño libro que leí hace como quince años y que trata sobre el cómo vencer a los enemigos del alma, siendo estos el resentimiento y el rencor. El autor parte de la base que la mejor solución son el perdón y el olvido, más sin embargo, señala también que son también estas las virtudes o cualidades humanas menos fáciles de poner en práctica ya que implican verdaderas decisiones heroicas por parte de cada individuo, ya que son egos muy arraigados y por lo mismo muy difíciles de erradicar.

Leyendo en este libro acerca del resentimiento, recordé una extraordinaria expresión literaria que leí en un sitio de la Red y que señala que el rencor, es “…como un escurrimiento que fluye en las personas tapando todas las válvulas del perdón. Que es un residuo de odio pegado al corazón del hombre y que se convierte en un pedacito enfermo que poco a poco le va envenenando la vida.”

En el libro, viene una aleccionadora metáfora que explica muy bien el significado de estos egos que trastocan el alma, la cual nos permite identificar los orígenes de los mismos en lo más profundo de nuestro corazón, y sobre todo, aprender a tomar conciencia de que debemos desecharlos desde su raíz. Cuenta el autor que en cierta ocasión, “…un maestro les pidió a sus alumnos que llevaran papas y una bolsa de plástico y ya en clase, los alumnos deberían elegir una papa por cada persona a la que le guardaban cierto resentimiento o rencor. Cada alumno escribió en varias papas, el nombre de algunas personas, unos más y otros menos, y al final del ejercicio, pusieron todas las papas dentro de la bolsa de plástico. Algunas bolsas eran realmente pesadas. El ejercicio aleccionador consistió en que durante una semana, llevarían a todos lados, como si aquella bolsa de papas fuese una mochila escolar.
Durante esa semana, los alumnos pudieron percibir que las papas se iban deteriorando, algunas incluso despedían un olor desagradable, pero no podían abandonar la tarea de acarrear la bolsa en todo momento, a pesar del fastidio que ello generaba.

Al final del ejercicio, les pidió a los alumnos describieran todo lo que habían sentido, y la gran mayoría coincidieron en que aquella bolsa de papas significaba el peso espiritual que cada persona cargamos a diario por el simple hecho de mantener en nuestra conciencia pesadas cargas que generan el resentimiento y el rencor hacia las personas.” (Fin de la historia)
En realidad, todos los seres humanos tenemos papas pudriéndose en nuestra “mochila” sentimental, que vienen a ser resentimientos y rencores que a la postre se van convirtiendo en odios y maledicencias en contra de personas que incluso en muchas ocasiones ni cuenta se dan y por lo mismo, el daño se lo causa la persona que carga con ese peso dentro del alma. Es la mejor razón por la que es necesario aprender a perdonar y olvidar con el fin de dejarlas ir y llenar de paz y calma, nuestro espíritu. No debemos olvidar que la falta de perdón es como un veneno que tomamos a diario a gotas pero que finalmente nos termina envenenando el alma
Muchas veces pensamos que el perdón es un regalo para el otro sin darnos cuenta que los únicos beneficiados somos nosotros mismos. El perdón es una expresión de amor. El perdón nos libera de ataduras que nos amargan el alma y enferman el cuerpo.

No significa que estemos de acuerdo con lo que paso, ni que lo aprobemos, perdonar no significa dejar de darle importancia a lo que sucedió, ni darle la razón a alguien que nos lastimo. Simplemente significa dejar de lado aquellos pensamientos negativos que nos causan dolor o enojo y por lo mismo enfermedades en el cuerpo. La falta de perdón te ata a las personas con el resentimiento, es como un veneno destructivo para el espíritu ya que neutraliza los recursos emocionales que tenemos.

Está demostrado que hacer oración por las personas que nos han lastimado y perdonarlas de corazón es una terapia maravillosa; es la mejor forma de eliminar de nuestro corazón el veneno que amarga y acorta la vida. Por desgracia hay muchas personas que pasan años llenos de rencor, que no se dirigen la palabra, sin darse cuenta del enorme daño que se hacen a sí mismas. Un poco de oración por la otra persona ayudaría a curarse.

La declaración del perdón es la clave para liberarnos de las pesadas cargas del alma y debemos renovarla diariamente, tomando conciencia de que muchas veces la persona mas importante a la que tenemos que perdonar somos nosotros mismos por todas las cosas que no fueron de la manera que pensábamos. Hacer oración nos ayuda a sanar el alma. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

martes, 22 de enero de 2008

Reflexiones

APRENDIENDO A LLENAR NUESTRA VIDA

Jorge Meléndrez

Los seres humanos sabemos que nuestra vida es como un gran recipiente en el cual vamos almacenando experiencias, aprendizajes, actitudes, modos de ser, emociones entre otras cosas más que conforman un todo que a lo largo del tiempo le llamamos Vida. En ese sentido el hombre lleva lo sagrado en el interior de su persona, pues es fuerte por que procede del padre, y busca de manera natural el bien, por que procede del bien, y que si en algún momento es tentado por el mal, no por que sea malo, sino precisamente por que es consustancialmente bueno y dotado de libertad para decidir.
Ese gran recipiente es del tamaño y la magnitud que uno quiere, así como también, la calidad de sus contenidos está en función de lo que cada quién queramos almacenar, de tal suerte que si lo llenamos de cosas vanas e insulsas, así es como será nuestra vida, y si lo vamos llenando con cosas constructivas, y de experiencias gratificantes, nuestra vida será siempre un almacén de cosas gratas y armoniosas, por lo que al final siempre podremos decir que la vida ha valido la pena vivirla.

Somos nosotros con nuestro libre albedrío, quienes vamos eligiendo que y cuanto de tal cosa debemos y queremos almacenar, y sobre todo, de no ir dejando huecos de vida que nos generen angustias y sufrimientos, pues son estos los que nos atormentan por ser espacios vacíos que no pudimos o bien no supimos llenar a tiempo y que nos lastiman la vida pues nos hacen recordar que algo nos falto para ser y estar completos y realizados.

Es por ello que debemos estar siempre conscientes que nuestra vida al final es lo que nosotros hagamos de ella, y que nadie podrá vivir nuestra vida si no es que nosotros mismos, que además, la vida no espera y que en ese sentido el tiempo es algo inexorable y no se detiene por nosotros, y que lo que no hayamos almacenado en su momento, quizá ya no lo podamos hacer.

Que la suma de nuestros activos tiene que ver con nuestras buenas acciones y experiencias y que nuestros pasivos, cuando son mayores, nos generarán siempre un déficit de vida, siendo ahí donde podemos identificar los grandes huecos o vacíos existenciales que tenemos y que vienen a ser la puerta por donde dejamos entrar, cuando somos débiles y faltos de carácter, a las fatuidades de la vida.
No son pocos los personajes que al final de su vida se han dado cuenta de lo mal que han vivido, y en la premura o la intención de llenar los huecos vacíos, sin el soporte espiritual adecuado, y con la debilidad manifiesta, entran en estados de angustia y depresión y terminan desperdiciando aún más su vida como cobardes y perdedores. Nunca aprendieron a encontrar el camino de la luz.
La nostalgia de Dios que llevan estos hombres en su corazón, los llevan a vivir en una permanente tensión de búsqueda que se plasma en las diversas manifestaciones humanas. Sin embargo todos podemos ser testigos en primera persona que el ruido del mundo, la rutina, el activismo y otros no lo ayudan a “entrar en sí mismo” para lograr aquel encuentro que añora desde lo profundo de su ser. Se requiere templanza y fortaleza de carácter para encontrar a Dios, quien nunca se va de nosotros.
Quienes lo han encontrado, son hombres, recios y fuertes de carácter, hombres que han sabido hacer un alto en su camino, que han sabido reflexionar a tiempo y han hecho un buen balance de su vida, y frente al déficit encontrado, analizan sus posibilidades y potencialidades, se llenan de espiritualidad y avanzan paso a paso hacia un mundo mejor viviendo cada día y llenando esos huecos con cosas y experiencias positivas, ayudándose a si mismos y a otros a encontrar su sendero luminoso. Así es la presencia de Dios en esta clase de hombres.

Estos últimos son hombres de alma grande que terminan siendo héroes anónimos en la vida de muchos otros que los miran como ejemplo a seguir, personajes ejemplares que a pesar de todas las adversidades tuvieron la reciedumbre de salir airosos y sin mancha de los pantanos de la vida. Son seres humanos ejemplares sin aureola de santos pero con la condición de ser simplemente hombres.
La diferencia entre unos y otros es su acendrado amor a Dios, a ese supremo hacedor de todas las cosas, el único que propicia la presencia de lo trascendente, que cautiva el corazón del hombre, y con quién al ser su imagen viva, busca encontrarse. Y tú, ¿Ya te llenaste del espíritu de Dios? JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com

lunes, 21 de enero de 2008

Reflexiones

LA BENDICIÓN DE SER ABUELO

Jorge Meléndrez

El tiempo es un compañero inexorable en la vida de los seres humanos, siempre está con nosotros avanzando de tal manera que pareciera que no deja huella, sin embargo, está ahí, en cada arruga y en cada expresión de nuestro rostro recordándonos que tiene el poder del ahora, como lo tuvo en el ayer de nuestras vidas.

Ayer, teníamos la ventaja de planear para el largo plazo, sin embargo, hoy, en el umbral de la tercera edad, solo podemos hacerlo para pocos años, con la seguridad de que aquellos planes que hicimos antes, y que involucraban a nuestros hijos, tendrán hoy la continuidad deseada por el trabajo que ellos realicen con sus propios hijos, es decir, con nuestros nietos.

En realidad, no importa la edad que se tenga, pues la vida del hombre es como la de un árbol, donde sus ramas son los hijos y sus hojas son sus nietos. La gran diferencia estriba que debido a la edad en nuestros primeros años de matrimonio, no pudimos disfrutar plenamente a los hijos, por estar demasiado ocupados en fincar un patrimonio digno, sin embargo con el transcurrir del tiempo, terminamos disfrutando mucho más de nuestros nietos, como lo que son, una extensión de nuestros hijos y por ello parte de uno mismo, además de que tenemos mas tiempo para ellos y son quienes harán perdurar nuestra vida a través del tiempo.

Ser abuelo es una de las experiencias más maravillosas que Dios nos ha dado a las personas, pues tener en nuestros brazos a un pequeño a quien se reconoce como propio, es una sensación que conlleva mucho de alegría interna de vivir, pues es un pequeño ser que forma parte de nuestra descendencia, situación que le agrega a la vida de los abuelos, un sabor especial en la vida cotidiana. En ese sentido, es una bendición el ser abuelo.

Un nieto hace renacer en los abuelos el espíritu del niño que llevan dentro, pero que habían dejado muy atrás en el rincón de los recuerdos y al despertar ese espíritu infantil, les permite ver de nuevo lo maravilloso de la vida y de las pequeñas cosas que un día les causaron asombro y alegría, como por ejemplo, perseguir el vuelo de una mariposa, el color cambiante de una burbuja de jabón o los colores del arco iris.

A través de los ojos de un niño que lleva la sangre de los hijos y la propia, se ven cosas olvidadas de la infancia, que jamás se pensó que permanecían en la memoria. De pronto se sabe de nuevo cachar una pelota, brincar la cuerda o simplemente hacer gestos y gesticulaciones con el fin de representar a los personajes de un cuento; o bien, contar una historia donde el personaje principal sea el nieto a quién buscamos despertarle la imaginación y la risa espontánea. Ellos son los incansables héroes de los juegos y nosotros, los abuelos, quienes siempre terminamos rendidos y con dolor en las rodillas.

En realidad debo admitirlo, me resulta muy difícil tocar el tema de la bendición de ser abuelo, sin dejar de recordar las anécdotas que me han hecho vivir mis pequeños nietos David Alberto y Jorge Miguel, más ahora que ya están viviendo las experiencias de ir a la escuela y convivir con otros niños de su misma edad, advirtiendo que hoy en día, el Jardín de Niños resulta altamente beneficioso en el desarrollo emocional de los pequeños.

Tengo muchos y muy buenos amigos que coinciden conmigo en la bendición de ser abuelo, pues en muchas ocasiones en reuniones de café, siempre hay quién toca el tema de las gracias y peripecias de los nietos, y por lo general, terminamos aceptando que las actitudes y aprendizajes que tienen hoy en día los niños, se debe en gran parte a la influencia de la tecnología, sobre todo la Internet, la televisión y los celulares entre otros.

Yo creo que en cada abuelo hay una historia que contar y en cada nieto, un abuelo a quien admirar, pues generalmente, se es abuelo cuando las experiencias vividas nos permiten adoptar el papel de sabios frente a los nietos, que sorprendidos pueden ver y sentir que el abuelo sabe cosas que la vida le ha enseñado.

Los abuelos les damos a los nietos consejos, abrazos y anécdotas, sin embargo, no debemos olvidar que en esencia, es mucho más lo que los nietos pueden proporcionarle a los abuelos, siendo en esto último, donde radica la verdadera bendición de ser abuelos. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

lunes, 7 de enero de 2008

Reflexiones

ACERCA DEL DESALIENTO

Jorge MELÉNDREZ

Hace algún tiempo, leí una hermosa metáfora acerca del desaliento, ese ego que nos hace ser pusilánimes y apáticos en todas las cosas de la vida que debemos atender con diligencia y prontitud. Muchos de nosotros recibimos de manera permanente y a través situaciones inesperadas, lecciones de vida, mediante las cuales, nos podemos percatar que somos en esencia y frente a los seres que amamos, persona llenas de debilidades y defectos. Esto en principio quizá nos cause desaliento y frustración, sin embargo, debemos mantener la frente en alto y la mirada firme en el horizonte de nuestra vida con el fin de no perdernos frente a las adversidades.

Deseo compartir con ustedes esta aleccionadora metáfora, pues estoy seguro que les servirá en los momentos en que se encuentren desalentados. La historia se acredita al Santo de Asís, y dice así: “...Cierta vez, en los corrillos del arcano se corrió la voz que el diablo se retiraba de los negocios relativos al mal y vendía sus herramientas al mejor postor. En la noche de la subasta, estaban todas las herramientas dispuestas en forma que llamaran la atención a más de algún interesado, las que por cierto, conformaban un lote siniestro y de precios variados, pues las había de toda clase: odio, maledicencia, celos, envidia, engaño, mentira, vanidad, gula, rencor, perversidad, lujuria, avaricia etc. etc., que hacían un paquete muy atractivo a todos los adoradores del demonio que querían sustituirlo en sus negocios.

Pero un tanto apartado de todas estas herramientas, había un instrumento de forma inofensiva, muy gastado, como si hubiese sido usado muchísimas veces y cuyo precio, sin embargo, era el más alto de todos. Alguien le pregunto al diablo cual era el nombre de la herramienta. --¡Desaliento!, fue la respuesta de satanas, que maliciosamente echaba mano de todos sus argumentos mercadotécnicos para hacer resaltar la bondad de aquel instrumento. --Pero, ¿por que su precio es tan alto? le preguntaron. --¡Porque esta herramienta, respondió el diablo, es la que me ha sido más útil desde el principio de los siglos. Y continuó argumentando. --¡Me ha sido mas útil que cualquier otro instrumento del mal, pues con el, puedo entrar en la conciencia de cada ser humano que encuentra fatiga en las cosas de Dios y que se cansa de atender las cosas relativas al bien.

--¡Por eso, cuando todas los demás herramientas me fallan, la utilizo a mi antojo, pues no hay nadie que se resista al desaliento. Le replicaron: --¡Sí, pero se ve muy gastado y viejo, no debe tener tanto valor! A lo que el diablo replicó: --¡Sí, pero su valor no está en su apariencia, sino por los beneficios que me ha aportado. Continuó argumentando: --¡ Esta muy gastado porque lo uso casi con todo el mundo, y como muy pocas personas saben que me pertenece, puedo abusar de él, y les confieso, ya he querido venderlo antes, pero su utilidad ha sido tanta, que cada vez sube más de precio. Añadiendo: --¿Ven ustedes por que aún lo conservo dentro de mi inventario? Rematando: --¡Es tan útil, que si lograra venderlos todos y solo me quedara con éste, aún así seguiría siendo el príncipe de las tinieblas y el archiduque del mal.” (Fin de la historia)

Estimados amigos, si algo nos enseña esta metáfora es que el desaliento es uno de los estados de ánimo contra el cual es indispensable fortalecerse. Nos desalentamos con la situación económica, con nuestras responsabilidades, con nuestra familia, con las observaciones de nuestra esposa, con la necesidad de cambio, con los grupos de amigos, con el engaño, con la mentira, con el desamor, con los consejos, con las cargas de trabajo etc. etc. razón por la cual, estamos obligados a mantenernos alertas contra el desaliento. Es por ello que debemos mantener en un alto nivel nuestra espiritualidad, haciendo las cosas que Dios quiere que hagamos, abrir bien los ojos de la percepción y los oídos del entendimiento ante lo que uno no cree posible, pues para el demonio, en principio, no hay imposibles, y más aún cuando pecamos de arrogantes y vanidosos. JM Desde la Universidad de San Miguel. udesmrector@gmail.com

domingo, 6 de enero de 2008

Reflexiones

APRENDIENDO A DECIDIR CON SABIDURÍA

Jorge MELÉNDREZ

Por regla general los seres humanos tomamos decisiones antes de emprender acciones; razón por la cual, es conveniente que aprendamos a decidir todas y cada una de las cosas de nuestra vida, por insignificantes que parezcan, con absoluta libertad y sabiduría, entendiendo por sabiduría, el ingrediente que acompaña a la inteligencia que nos ayuda a discernir sobre lo que nos es necesario y conveniente, sin caer en el interés ni en la mezquindad. Aquí la sabiduría debe entenderse también como el desprendimiento y la generosidad, que cuando se presentan, nos dan la oportunidad de dar sin recibir nada a cambio; y en consecuencia, la abundancia llega por añadidura a nuestros corazones y a nuestros bolsillos.

Hace unos pocos días, me llegó un e-mail de un viejo amigo; su nombre es José Luis Sandoval, y vive en Mazatlán y de él, recuerdo con mucho agrado su desprendimiento y generosidad, pues me brindó siempre una amistad sincera y desinteresada, actitud que estoy seguro aún conserva y cultiva, pues junto a su comentario de reencuentro, me envió un pequeña historia que habla muy bien de los beneficios que los seres humanos recibimos cuando tomamos decisiones y actuamos con sabiduría. Le agradezco desde aquí a José Luis, la oportunidad de difundir este bello mensaje. La historia dice más o menos así:

“Una mujer salió de su casa y vio a tres viejos de largas barbas sentados frente a su jardín. Como ella no los conocía, se acerco a ellos y les dijo: --¿Quienes son ustedes, que se les ofrece? Ellos no contestaron, se limitaron solo a mirarse entre sí y continuaron en actitud de espera silenciosa. Ella insistió: --¿Puedo hacer algo por ustedes? Por favor entren a mi casa para que coman algo. Entonces luego de mirarse entre sí, uno de ellos pregunto: ¿Está el señor de la casa? --¡No, no está! respondió ella. --¡Entonces no podemos entrar! dijeron ellos, ante la atónita mirada de la joven señora.

Al atardecer, cuando el marido llego, ella le contó lo sucedido, y con actitud comprensiva y llena de tranquilidad le dijo: --¡Anda mujer, ve a verlos, diles que ya llegue e invítalos a pasar! La mujer salió a invitar a los hombres a pasar a su casa.
--¡Muchas gracias!, pero por favor, discúlpenos señora, pero no podemos entrar a una casa los tres juntos explicaron los viejitos. –Pero... ¿Por qué?, preguntó ella muy extrañada. Entonces, uno de los hombres viendo a uno de sus amigos le dijo: -- Mire, él se llama “Riqueza”, luego volteo hacia el otro y exclamó: -- Y el nombre de él es “Éxito”, y yo me llamo “Amor”. Ahora vaya usted adentro y decida con su marido a cual de nosotros tres ustedes desean invitar a vuestra casa.
La mujer entro a su casa y le contó a su marido lo que ellos le dijeron. Entonces el hombre se puso feliz y exclamo con entusiasmo, --¡Que bueno!, entonces invitemos a Riqueza, dejemos que entre y que colme nuestro hogar. Ella no estuvo de acuerdo. -- Querido, ¿por qué no invitamos mejor a Éxito?, Creo que sería más conveniente. La hijita del matrimonio que estaba escuchando desde hacía un buen rato la conversación, vino corriendo con una idea: --Papá, mamá, ¿No sería mejor invitar a Amor? Nuestro hogar entonces estaría lleno de amor. – ¡Tiene razón nuestra niña dijo el señor a su esposa, anda, ve afuera e invita a Amor.
La esposa salió afuera y les pregunto a los viejitos: --¿Quién de ustedes es “Amor”? Por favor, venga para que sea nuestro invitado. Entonces, “Amor” se puso de pie y camino hacia la casa. Los otros dos también se levantaron y lo siguieron. Sorprendida, la joven señora les dijo: ¡Disculpen, pero atendiendo a su recomendación yo solo invite a Amor, ¿por qué ustedes también vienen? Los ancianos respondieron juntos: --¡Si hubieras invitado a “Riqueza” o a “Éxito”, los otros dos habrían permanecido afuera, pero ya que invitaste a “Amor”, donde sea que el vaya, nosotros vamos con él; pues dondequiera que hay amor, hay también riqueza y éxito.” (Fin de la historia)

¿Interesante historia para meditar, verdad.? ¿Y tú, a quién hubieses invitado.? [JM] ... Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com