domingo, 11 de mayo de 2008

Reflexiones

EDUCAR EL CARÁCTER

Jorge Meléndrez

El carácter es uno de los ingredientes que nace de la conciencia del ser humano y que le sirve para ubicarlo dentro del contexto de su realidad social. Es el sello personal e intransferible que identifica al hombre y lo hace ser diferente de cada uno de sus semejantes. Es al mismo tiempo, un producto del aprendizaje social que ubica al hombre como “persona” y que lo lleva a realizar actos solidarios a favor de los demás, o bien, actos destructivos tanto para si mismo como para quienes lo rodean. Un carácter negativo, ubica a las personas como seres antisociales y de alguna manera, dañinas para el resto de las personas, en tanto que un carácter afable, hace del hombre un ser digno y respetado.

El carácter tiene su soporte biológico en el temperamento y este último, está determinado por factores genéticos que inciden en las manifestaciones conductuales del hombre, por lo que la educación del mismo, es una tarea que debe darse dentro del hogar.

La ausencia de esta responsabilidad por parte de los padres, propicia que los hijos crezcan en un ambiente familiar donde les son resueltos todos sus problemas y en consecuencia, crecerán inutilizados para saber defenderse por si mismos, mientras que el temple y la audacia, serán producto de un carácter proactivo de quién aprendió a decidir por si mismo desde edad temprana dentro del hogar.

Cuando los padres entiendan que llegará el momento de que sus hijos tendrán que volar solos, y que tal vez no estén para ayudarlos a tomar decisiones, es cuando empezarán a poner en práctica acciones que lleven a educar el carácter de sus hijos. Algunos autores estudiosos del carácter, nos enseñan que educar el carácter es un proceso evolutivo que se inicia desde edades tempranas hasta llegar a su completa expresión en el final de la adolescencia.

En la manifestación del carácter, se ponen en evidencia dos grandes componentes que nacen desde el alma mismo del individuo, que vienen a ser las emociones y las actitudes, de ahí que existan diferentes tipos de manifestaciones del carácter derivadas por la combinación que se da de estos dos componentes, la emoción y la acción. Así, tenemos personas que manifiestan cualquiera de las tipologías siguientes:

El nervioso. Quién cambia continuamente de intereses y de ocupación. Este tipo de carácter se entusiasma con lo nuevo, pero este sólo busca de ello lo que es práctico, le falta orden, disciplina y perseverancia en las cosas. Tiene una voluntad débil, es inestable, sociable, cariñoso y extrovertido.
El sentimental: Es muy sensible, tímido, pesimista, busca el aislamiento y la soledad, es difícil de reconciliar y se desmoraliza rápidamente. Es inseguro y rencoroso y en el trabajo es lento e indeciso.
El Colérico: Siempre vive ocupado en cosas. Es un atrevido para hacer cosas nuevas. Debido a sus arrebatos, improvisa, se precipita, despilfarra energía y cae en la dispersión. Abandona las cosas cuando aparece algún peligro. Es un extrovertido.
El Apasionado: Posee una gran memoria e imaginación. Tiene una gran capacidad de trabajo. Vive siempre ocupado. Tiene afición al estudio y le gusta todo tipo de tareas. Prefiere trabajar sólo. Estudia de forma ordenada y metódica. Se destaca en lectura, historia, redacción y matemáticas. Le interesa lo social, lo religioso y político.
El sanguíneo: Es muy poco sensible. Sólo le mueven los resultados a corto plazo. Tiene tendencia a mentir para conseguir lo que quiere. Es cerebral. Piensa todo fríamente. Es optimista, social y extrovertido. Es curioso. Le gusta tocar todo. Se adapta bien a cualquier ambiente. Aunque es trabajador, se deja llevar por la superficialidad y la chapucería.
El Flemático: Es reposado y tranquilo, reflexivo y callado Es muy ordenado y le gusta trabajar solo. Es puntual y se preocupa por la exactitud de todas las cosas. La inteligencia del flemático es lenta, pero profunda. Tiene una buena aptitud para comprender lo esencial de las cosas. Es dócil y metódico.
El amorfo: Es perezoso, su vida esta sujeta al ciclo de comer-dormir-comer. Es poco original, se deja llevar por el ambiente. Es despilfarrador, impuntual y carece de entusiasmo. Es social y extrovertido. Razona con mucha lentitud y analiza las cosas de forma superficial. Huye de cualquier esfuerzo. Suele aplazar las tareas. Es torpe y desordenado.
El Apático: Es cerrado en sí mismo. Es melancólico. Es irreconocible y testarudo. Es perezoso. Rutinario. Pasivo e indiferente. Carece de estimulo y actividad. Es un pobre de ideas. Es apático y poco interesado en actividades.
El hombre debe pues, ser educado en el seno del hogar, para aprender a tomar decisiones a lo largo de su vida, ya que serán precisamente estas decisiones las que de alguna manera le ayudarán a identificar y modelar su carácter y lo ubicaran como un ser social dentro del entorno en el que viva. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

miércoles, 7 de mayo de 2008

Reflexiones

LA DEMOSTRACIÓN DE LOS AFECTOS

Jorge Meléndrez

Los seres humanos hemos sido formados a imagen y semejanza del Altísimo, y siendo éste último amor puro, el hombre, en consecuencia, ha sido dotado de un sinnúmero de afectos que en esencia significan la manifestación múltiple de muchas formas de expresar el amor. Es innegable entonces que el equilibrio de la vida y sobre todo de la coexistencia entre los hombres, debe de estar regida por el amor y sus manifestaciones de todo tipo.

El amor es el afecto supremo, y de éste se derivan otros tantos que hacen del hombre como especie de la creación, un ser afectivo en todos los órdenes de la vida, es decir, capaz de dar y recibir en abundancia para bien de sí mismo y de los demás. Esta es una ley inexorable de la vida, que debe ejercerse libremente y con humildad en todos los aspectos y circunstancias de nuestra vida, y en ese sentido, el mejor escenario es la familia, ya que esta es en esencia el mejor pilar para el desarrollo de los afectos. Ciertamente, la base de la felicidad se encuentra en la demostración de los afectos, pero éstos hay que sembrarlos y precisamente la familia es el terreno más fructífero

El núcleo familiar es el mejor nido para cultivar los afectos desde los primeros años de nuestra vida, los que habrán de desarrollarse en el escenario de la sociedad cuando empezamos a crecer y madurar como personas. Para poder crecer como personas, es importante vivir en medio de afectos, preservándolos, demostrándolos y fomentándolos, en suma, siendo emisores y receptores de los mismos, para lo cual, se requiere que el ser humano mantenga un espíritu abierto, expresivo y volcado hacia los demás, ya que de esta manera, el proceso de crecer y madurar como ser humano se dará de manera natural.

Con frecuencia nos mostramos reacios a demostrar los afectos, pues consideramos falsamente que ello puede ser una muestra de debilidad frente a los demás, cuando en realidad el solo hecho de “dar” nos engrandece como personas. En el otro extremo, encontramos también a quienes solo son hábiles para recibir, sin haber aprendido nunca a dar, lo que en esencia significa también la vivencia de un falso orgullo. Por eso se dice, que el hecho de demostrar afectos hacia los demás, debe de ser un acto libre y espontáneo, sin que para ello medie la actitud egoísta de pensar en recibir algo a cambio, actitud ante la cual, la vida misma se encarga de retribuirnos a través de los efectos de la ley del dar y recibir.

No hay que dudar nunca sobre la veracidad de las muestras de afecto que recibimos, pues a pesar de que provengan de personas que consideramos poco sinceras, el solo hecho de recibirlas con amor y sinceridad, éstas se convierten en un flujo positivo para nosotros en el momento mismo en que son manifestadas. Esta es la magia como opera el Cosmos como obra divina de la creación. Esto significa que en nuestras manos está todo el equilibrio de la vida, pues siendo afectivos y afectuosos, tendremos siempre la capacidad de convertir maldiciones en bendiciones. Hacer lo contrario, es bloquear el flujo de la suprema ley del dar y recibir manifestada en el orden de los afectos.

Si cada hombre y mujer manifestaran siempre muestras de respeto, admiración y cortesía a sus semejantes, debemos estar seguros que todo ello les sería devuelto de manera casi inmediata y en mayor proporción. Para ello, solo se requiere mantener los brazos abiertos a recibirlos y aceptarlos. Si no lo hacemos, es posible que los afectos no lleguen hasta que estemos preparados para ello.

Cuando los seres humanos no sabemos dar amor, respeto o no valoramos las acciones de los demás, estamos cerrando nuestra conciencia de dar, sin percatarnos que el dar sin esperar nada a cambio, nos brinda la oportunidad de sentirnos útiles. El solo acto de saber dar, es una fuente inagotable que nos provee de satisfacciones.
Cuando decimos que al dar no debemos esperar nada a cambio, lo que realmente significa es que no debemos exigir que la persona a la que le estemos dando responda como nosotros deseamos, pues aún a sabiendas que es hermoso que alguien responda recíprocamente a nuestras muestras de amor y afecto incondicional, debemos estar seguros que siempre habrá quién lo haga posteriormente, aún incluso alguien distinto a quién recibió. Esta es la magia de la ley de los afectos, pues en la vida, no hay nada que quede sin recompensa, todo se devuelve, y si has hecho el bien, ese bien regresará a ti manifestado en las diferentes personas que conozcas y en las diferentes circunstancias que se te presenten.
El no saber dar, es un estado de pobreza espiritual que te lleva a un estado de vacío interior permanente que se irá ampliando en la medida en que no lo comprendas. Esta pobreza espiritual, te lleva a pensar que nadie te quiere y que nadie te valora, cuando en realidad eres tu quien no ha aprendido a querer ni a valorar ni demostrar afecto a los demás. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

domingo, 27 de abril de 2008

Reflexiones

ENTENDIENDO EL ORIGEN DE NUESTRAS FRUSTACIONES

Jorge Meléndrez

A lo largo de los tiempos, los seres humanos hemos tratado de mantener un equilibrio en nuestra vida, y nos hemos refugiado en aquellos descubrimientos que han sido estudiados en todos los campos de nuestra vida; en el campo físico-corporal por la medicina hipocrática en el mental-emocional por la psicología y psiquiatría y en el espiritual por las religiones de todos los tiempos. Sin embargo, y a pesar de tantos conocimientos sobre si mismo, aún persistimos en los mismos males y vivimos con los mismos pesares de siempre e incluso de mayores dimensiones.

Hoy sabemos que el cuerpo se enferma por causa de problemas emocionales como son la ansiedad, los miedos, las frustraciones entre otros, que a su vez son causados por una intensa carrera por poseer todo aquello que suponemos nos dará la felicidad ansiada, sin darnos cuenta que es de esta manera como perdemos el equilibrio de nuestra vida.

Fulton J. Sheen escribió alguna vez allá por el año de 1949, que “…los complejos, las ansiedades y los miedos del alma moderna, no existían con tanta amplitud en las generaciones previas, por que se habían librado de ellos al integrarlos al gran organismo socio espiritual de la civilización cristiana, [pero que son] sin embargo, una parte tan constitutiva del hombre moderno que podría pensarse que nos fueron tatuados.”

Es claro que el tipo de frustraciones y miedos de las generaciones del siglo pasado, no eran de la misma naturaleza y causa de las que vivimos en la postmodernidad, pues en la actualidad estas nos son generadas por la falta de poder y de dinero, en tanto que antes estaban más ligadas con lo que desconocíamos de nuestro entorno. Esto ha sido así, por el simple hecho de que las enfermedades del alma aumentan en proporción directa del alejamiento del hombre de Dios.

Por lo tanto, para recuperar un perfecto equilibrio de nuestra vida y sobre todo una paz duradera en el alma, es necesario mantener una actitud de fe y esperanza de que todo lo que nos rodee debe ser respetado en su integridad, por ser parte del plan divino de la creación, lo que significa además, que debemos mantener una perfecta armonía entre el hombre y la naturaleza.

Al respecto, Fulton J. Sheen dice que “…el origen de este conflicto, ha sido relatado por los teólogos medievales y modernos, a través de la analogía de la música. Imagínense una orquesta en el escenario, conducida por un célebre director que dirige una hermosa sinfonía compuesta por él y donde cada miembro de la orquesta es libre de seguir las indicaciones del director y producir, de esta manera, armonía. Pero cada ejecutante es también libre de desobedecer al director. Supongamos que uno de los músicos toca en forma deliberada una nota falsa y luego induce al violinista de al lado a hacer lo mismo. El director, al escuchar la disonancia puede hacer dos cosas: o bien golpea con su batuta y ordena que se repita el compás, o puede ignorar la disonancia. Nada de lo que haga cambiará el resultado ya que la disonancia se ha instalado en el espacio, a una cierta temperatura y a una velocidad de 1,100 pies por segundo. Sigue y sigue y afecta hasta las radiaciones infinitesimalmente pequeñas del universo.”

Podemos fácilmente intuir que si esto es así, Dios, a lo largo de los tiempos se ha dedicado a “corregir” las imperfecciones de la creación introducidas por el libre albedrío del ser humano, que aún persiste en alimentarse del “fruto prohibido” y ser aconsejado por el maligno que lucha por convertir la perfecta armonía divina en un campo de batalla. ¿Podemos imaginarnos cuanta desarmonía han provocado las guerras? ¿Podemos cambiar este desequilibrio que nos generan frustraciones y complejos? Indudablemente que sí, si empezamos a retomar a Dios como el centro de nuestras vidas y nos alejamos de todo aquello que nos perturbe la paz en el alma.

Entonces y solo entonces, empezaremos a comprender el plan de Dios en nuestras vidas y nuestros cuerpos dejarán de enfermarse por que al sanar nuestro espíritu y nuestra alma, dejaremos de tener enfermedades emocionales como son los complejos y las frustraciones.

Ser una persona espiritual, es caminar por la vía de la paz. Solo la vía de la paz, nos conduce sin lugar a dudas hacia nuestro origen. Nuestro origen, es nuestra verdad original y la encontramos en Dios y en nuestro corazón y al encontrar el origen de nuestras frustraciones en nuestro corazón estamos aprendiendo el arte de la paz. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com
Reflexiones

APRENDER A CONOCER LA VERDAD

Jorge Meléndrez

Los seres humanos tenemos la tendencia a interpretar todo según sea nuestra conveniencia, de tal suerte que alguna cosa o circunstancia es buena, si lo es para nosotros, sin importar si lo es para los demás. Este es y será siempre un enfoque personal y obviamente no reflejará nunca la realidad de las cosas, pues su matiz es altamente egoísta y egocentrista.

El Poeta español Ramón de Campoamor, (1817-1901) es el autor de un poema donde uno de los versos dice: “En este mundo traidor, nada es verdad ni es mentira, todo es según el color del cristal con que se mira”, lo que de igual manera nos indica, según el lírico poeta, que la vida es para cada uno de nosotros, según la interpretemos.

La sabiduría popular ha sacado de contexto la última frase del verso de Campoamor, para dar a entender que en la vida los seres humanos interpretamos las circunstancias y hechos que nos suceden, según los beneficios o perjuicios que podamos sentir, de tal suerte que en todas las cosas, hay tantos puntos de vista como criterios humanos existan y, sobre todo, intereses personales. En una palabra, egoísmo puro.

Al respecto, otro dicho más popular es el que reza: “Cada quién habla según cómo le va en la feria,” el cual se interpreta que una misma situación o circunstancia, puede ser interpretada de maneras distintas, y que muy a pesar de que determinada situación sea de amplio beneficio para muchos, siempre habrá quienes se sientan perjudicados, sin que ello signifique que la situación sea benéfica o perjudicial per se, sino que por el contrario, somos los seres humanos los que trastocamos la verdad al amparo de percepciones muy particulares. Este es en realidad un dilema de “verdad filosófica”, donde el valor de las cosas, situaciones o circunstancias, están por encima de la interpretación que hacemos los humanos.

Podemos ver que mientras que algunos acuñan refranes populares, otros, se expresan a mediante poemas de lírica romántica y el contexto será siempre el mismo, la verdad estará siempre por encima del hombre, la circunstancia y la interpretación. En efecto, esta condición del ser humano de interpretar todo según su propia conveniencia, no tiene nada que ver con los niveles culturales en los que se desenvuelva, ni siquiera con los diferentes criterios y percepciones que hacemos de la realidad, sino fundamentalmente con el nivel y grado de compromiso personal con Dios y en consecuencia con la espiritualidad que vivamos.

Es por ello que debemos aceptar que por encima de todos los criterios e interpretaciones humanas, la verdad es, la verdad existe, y su valor no puede estar sujeto a percepciones de ninguna especie. De aquí la importancia de que los seres humanos aprendamos a conocer la verdad, y dejemos a un lado las interpretaciones que lo único que hacen es alejarnos más de la verdad misma.

Aprender a conocer la verdad, es aprender a conocer y a vivir de acuerdo a la palabra de Jesús, cuyo testimonio más claro fue el que podemos leer en Juan 14:6, cuando el propio Jesús dijo: “Yo soy el camino, y la verdad, y la vida: nadie viene al Padre, sino por mí” Entonces, por más que el hombre intente “interpretar” la vida a su conveniencia, nunca podrá poseer la verdad suprema, pues esta debe estar siempre relacionada con el contexto espiritual que viva.

Una verdadera interpretación de lo que nos dice Jesús, es que Él es el único camino, para llegar a conocer la verdad, y al mismo tiempo, que Él sí es capaz de llevarnos a la verdad y la consumación de nuestra vida. Jesús no es un hombre que viva a ciegas o que vaya por el camino buscando la verdad, pues Él es la verdad, ya que viene de Dios, está guiado por Dios y sabe muy bien cómo y por dónde llegar a ser un hombre de verdad.

Jesús, siendo hombre, nació, vivió, e hizo su propio camino, superando muchas dificultades, pero llegó a la meta verdadera, la meta de una perfecta humanidad, exaltado por Dios, ahora es el Señor y el Centro del mundo. El ha hecho la peregrinación verdadera del ser hombre, y ha llegado a la humanidad perfecta, a la vida verdadera y eterna. A través de Él, aprendemos a conocer la verdad. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

sábado, 12 de abril de 2008

Reflexiones

ACERCA DE LA FE Y LA CONFIANZA

Jorge Meléndrez

El hombre de todos los tiempos, ha sentido la necesidad de elevar su pensamiento a niveles que van más allá de su entendimiento de lo evidente, de tal manera que pueda satisfacer su curiosidad por todo aquello que desconoce. Esto ha sido así y ha propiciado todos los avances en la ciencia hasta ahora conocidos.

Fue René Descartes (1596-1650) padre de la filosofía moderna, quién tuvo el mérito de establecer como método esencial de análisis de la realidad, el llamado “discurso del método, o duda metódica” el que en esencia significa la búsqueda imperiosa de la verdad, misma que sirve de base para construir un conocimiento verdadero e indubitable.

En efecto, ésta necesidad filosófica llevó al filósofo, al descubrimiento de un método que hasta la fecha, nos ayuda a no aceptar como verdadero todo lo que se nos presente con la mas mínima muestra de error o considerar falso todo aquello de lo que dudamos que sea verdadero. Desde entonces, este método, ha sido para el hombre, una garantía para el uso correcto de la razón.

Descartes a través de su duda metódica y de manera radical, nos dice que hay que llegar con la duda hasta el último extremo, en donde esta se convierte en el opuesto y pase a ser una verdad indubitable. El conocimiento que por este método se logra, nos lleva como consecuencia a un acto de fe sobre lo que conocemos, sin embargo, aún nos queda como siguiente paso, obtener la “confianza” plena de que dicho conocimiento es válido y verdadero. De ahí que fe y confianza tengan una connotación diferente pero complementaria. Veamos porque.

El término “fe”, viene del latín (Fides), que significa “confiar”, y es ampliamente utilizado en la terminología religiosa y sobre todo, relacionado con las virtudes del hombre cristiano, ya que su significado se define como “…aquella fuerza interior que permite al hombre someterse a las situaciones más adversas de su vida siempre en relación con el ser supremo”.

Por su parte, el término “confianza” viene de la raíz latina (Fiducia) y se traduce como “…la creencia en que una persona o grupo sea capaz de actuar en el contexto de una determinada situación y circunstancia”. En este sentido, la confianza se verá más o menos reforzada en función de las acciones que el hombre realiza de acuerdo al nivel y grado que de manifiesta de fe.

Por lo tanto, si tomamos en cuenta que fe y confianza son dos términos que están sustentados en la verdad (veritas) podemos concluir entonces que todo hombre de fe es digno de confianza por el simple hecho de que se conduce de forma virtuosa con la verdad, y que de alguna manera, es una persona que está en camino de ser sabio, porque sabe cómo cumplir con los objetivos que le han marcado y que él mismo está conforme y profundamente convencido de ello. El virtuoso de la fe sabe cómo poner a los demás de su lado y los lleva a alcanzar un objetivo común que al final es el indicado por Dios como Ser Supremo.

La fe, es también conocida como una virtud infusa dada al hombre por el ser supremo, y por lo mismo, es una avasalladora fuerza interior, mediante la cual, el hombre llega a realizar todas aquellas cosas que sean para bien de si mismo y de los demás, motivo por el cual, ese hombre se convierte en una persona digna de confianza.

Contrario sensu, quién solo actúa a favor de si mismo por motivos de egoísmo, es una persona no digna de confianza y por lo tanto, nadie puede creer en él, ni en sus acciones ni en sus pensamientos, los que por lo general se reflejan por razonamientos intrincados y sofistas, donde su llamada “búsqueda de la verdad”, es solo una necesidad de su ego interno.

Por lo tanto, la fe y la confianza son dos virtudes dignas de ser practicadas de manera diaria, en la búsqueda de la verdad, confiando siempre que Dios esta de nuestro lado cuando las actitudes y las acciones lo glorifican.

Los seres humanos de este siglo y los anteriores, hemos buscado siempre la verdad como medio para lograr un mundo mejor, un mundo más humano. Decimos la verdad o al menos, procuramos decirla, porque estamos conscientes de que es el mejor medio para vivir en armonía y por que amamos y respetamos a los demás que buscan con nosotros ese mundo mejor.

Si no decimos la verdad, y si ni siquiera la buscamos, el mundo se deteriora hasta convertirse en un infierno porque se entroniza entonces el más burdo poder. Debemos vivir las virtudes morales de la fe, la confianza y la verdad, como verdaderas expresiones de nuestros actos en honor a Dios y en beneficio de otros. De esta manara, podremos llegar a ser unas personas sanas, satisfechos con nosotros mismos y relativamente felices. Amigo(a) lector(a), no dejes de vivir la esperanza de una mejor vida a favor de sí mismo y de los demás con fe en Dios y confianza en ti mismo (a). JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com
Reflexiones

VIGILANDO NUESTRA VIDA INTERIOR

Jorge Meléndrez

Hace algún tiempo, allá por mis años mozos, leí un extraordinario libro intitulado “Eleva tú Corazón” cuyo autor, Monseñor Fulton J. Sheen, entonces Obispo Auxiliar de Nueva York, decía que en la historia de todos los hombres, siempre podremos encontrar la extraña mezcla de dos personalidades, una que significa el “Ego”, y la otra el “Yo”, donde el ego viene a ser lo que pensamos que somos y el yo, lo que realmente somos. El decía que el ego “…es como un niño consentido que por lo general se muestra petulante, mimado y alborotador y que representa de alguna manera el origen de nuestros errores en la vida, en tanto que el yo, viene a ser nuestra personalidad hecha a imagen y semejanza con Dios”.

Todo lo plasmado en el libro, se resume en la necesidad de vigilar de manera permanente nuestra vida interior, con el firme propósito de que el yo no sea vencido por el ego, y en consecuencia, podamos reflejar en nuestra vida diaria, una personalidad madura y responsable.

Traigo a colación esta vieja lectura formativa, por que podemos advertir en nuestro diario convivir, que aún los seres humanos no aprendemos la lección y seguimos cometiendo los mismos errores e incluso en mayor medida y grado que en años anteriores, pues en la actualidad se han rebasado todos los límites de la conducta humana, con los efectos que hoy podemos ver en la convivencia diaria.

Hay una breve historia que nos refleja muy bien esta metáfora del ego y el yo, y que está referida a una charla de un viejo cacique de una tribu india con sus nietos acerca de la vida. La historia dice: “El Abuelo que había sido en gran guerrero, les decía con toda la sabiduría de un hombre que vive la plenitud de su edad madura, que en la actualidad solo estaba dedicado a librar una vieja batalla entre dos lobos que anidan en su corazón, donde uno de los lobos representa todos los males como son: maldad, temor, ira, envidia, dolor, rencor, avaricia, vanidad, arrogancia, culpa, resentimiento, inferioridad, mentiras, orgullo, competencia, superioridad, egolatría entre otros muchos más, en tanto que el otro lobo, significaba: bondad, alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, dulzura, generosidad, benevolencia, amistad, empatía, verdad, compasión y fe. Ante esto, uno de los nietos más pequeños le preguntó: --Abuelo, y no es posible que solo exista un lobo? A lo que dulcemente le contestó: ¡No hijo mío! Así fuimos creados por los dioses, para que con nuestra propia libertad de conciencia decidiéramos como vivir nuestra vida? Añadiendo: ¡De hecho, esta misma pelea esta ocurriendo continuamente dentro de ustedes y dentro de todos los seres de la tierra! Aquellos pequeños se quedaron pensativos, y de nuevo el más pequeño le preguntó:--Abuelo, ¿Y cual de los dos lobos ganará la batalla? Y el viejo cacique respondió simplemente: ¡El que alimentes! (Fin de la historia)

Resulta paradójico que algo tan extraordinario y valioso como es la vida interior, pierda día a día la importancia que tiene para ser realmente felices. Vivimos alejados de nosotros mismos dentro de esta sociedad cargada de estímulos, de actividades y de bienes materiales, y olvidamos o evitamos buscar en nuestro interior, aquello que trasciende lo material, lo superficial y rutinario. Vivimos luchando constantemente por objetivos externos, no obstante, algo más difícil y más valioso se nos pasa por alto, conquistar la paz interior, la serenidad, en último término, la felicidad y con ello la sabiduría.

Debemos tomar conciencia de que en la medida en la que dejamos de vivir una vida interior sana y apegada a principios de espiritualidad y entrega a un Ser Supremo, nuestras cualidades y virtudes se van atrofiando por vivir una vida apegada al ego y alejada del yo verdadero. Alimentemos al yo con el fin de vencer al ego. JM. Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

viernes, 14 de marzo de 2008

Reflexiones

13, UNA NUEVA GENERACIÓN PARA LA HISTORIA

Jorge Meléndrez

El día de ayer se celebró el Acto Académico de la 13ª generación de egresados de la Universidad de San Miguel. En esta ocasión y como ya es costumbre, me permití dirigirles un mensaje de despedida de nuestras aulas, haciendo énfasis en el hecho de que durante su periodo formativo, tuvieron siempre la libertad de decidir y de elegir, bajo las normas del respeto y la tolerancia, valores sustantivos que les fueron inculcados.

Que estos valores sustantivos serán, a partir de ahora, su responsabilidad pues inician un nuevo ciclo de aprendizaje dentro de las organizaciones empresariales e incluso, dentro de sus propios senderos como emprendedores.

Que no pierdan de vista que el mercado laboral, es mucho más exigente que la escuela, y por ello, deberán mantener la disciplina en el trabajo, el orden en la presentación de sus reportes, la puntualidad en el cumplimiento de sus responsabilidades, la importancia del trabajo en equipo, la disposición a trabajar bajo presión, la responsabilidad frente a clientes y proveedores, el compromiso en el desempeño de sus funciones y la búsqueda permanente de la excelencia, en suma, en todo aquello que les signifique calidad en su crecimiento y desarrollo como seres humanos serios y responsables. Que esa será quizá, su prueba de fuego en su vida profesional.

Se les dijo igualmente, que el mundo actual se mueve entre los límites que dan la tolerancia y la permisibilidad frente a la restricción y el orden, y que nunca como ahora, habíamos vivido bajo tanta confusión en los valores sociales de convivencia, los que están obligados a rescatar con el fin de recuperar la salud moral de nuestra sociedad.

Que a partir de ahora, deberán sustentar su quehacer social y profesional, en los principios de una sociedad educadora, que en esencia significa, coadyuvar y fomentar en sus ámbitos de influencia, una sociedad dispuesta a relacionarse dentro del orden y el respeto mutuo y participar mediante el ejemplo, en la formación de ciudadanos propositivos y comprometidos con el medio ambiente y el desarrollo y bienestar de su comunidad.

Que estén conscientes que la ciencia y la tecnología actual, son las fuerzas que desde mediados de la segunda mitad del siglo XX, con la era espacial, han propiciado el desarrollo de nuestras sociedades hasta el status en que se encuentran hoy día, más sin embargo, que deberán retomar el humanismo en sus vidas con el fin de coadyuvar en la construcción de una sociedad más humana y más comprometida.

Que por lo mismo, vean a la tecnología como una herramienta para hacer mejor las cosas, pero que no elviden que el verdadero soporte y fortaleza del hombre, son sus actitudes frente a los problemas que la vida les ofrece y que por lo mismo, establezcan de manera muy precisa, los límites entre la tecnología y el humanismo, ya que se corre el riesgo de que mucha tecnología tienda a deshumanizar al hombre.

Que cuando vayan a las empresas con estas ideas en la cabeza, y con una clara responsabilidad como profesionales, podrán advertir de manera muy precisa, todo lo que pueden ayudar a cambiar para hacer de sus lugares de trabajo, empresas socialmente responsables, empresas que dentro de su misión institucional, destaquen el compromiso social en programas que benefician e impacten positivamente en la preservación del medio ambiente y en las comunidades en las que tienen actividades.

Que hoy en día cuando las fronteras se han abierto al
comercio global, las organizaciones y empresas se encuentran en una constante lucha por ser cada vez más competitivas, por lo que deben prepararse para ser eficientes y capaces de dar mucho de si para el bienestar de la organización o empresa.

Que no existen hombres o mujeres que nunca hayan equivocado, y que no ha nacido el genio que nunca fracase en algo. Que lo que sí existe son personas que saben sacar fuerzas de sus errores y también, personas que de sus errores sólo sacan amargura y pesimismo.

Que vayan a conquistar el mundo empresarial, que sean líderes sociales capaces de participar en el cambio, que no se dejen deslumbrar por los reflectores de la fama pública, que sean modestos pero firmes, que sean discretos pero empujen fuerte, que no desistan frente al engaño y la maledicencia, en suma, que sean hombres y mujeres de verdad. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com

lunes, 10 de marzo de 2008

Reflexiones

NUESTRO EQUIPAJE DE VIDA

Jorge Meléndrez

Al momento de nacer, los seres humanos ya traemos consigo parte de nuestro equipaje de vida; primero, un código genético que de alguna manera nos condiciona aspectos de nuestro carácter y personalidad para nuestra vida adulta y después, todo aquello que vamos adquiriendo en cada una de las etapas de nuestra vida. En realidad, nuestra maleta inicial no requiere más cosas, pues es a partir de nuestro arribo al mundo, como iremos adquiriendo todo lo necesario, incluso, todo aquello que poco necesitaremos.

Durante los primeros años de vida, serán nuestros padres quienes elegirán para nosotros lo que consideran necesario, así, iremos a una escuela primaria para aprender las primeras letras, después en la secundaria y el bachillerato. Poco a poco, nos vamos desprendiendo de la influencia de los padres, y nuestro equipaje se va conformando también con las experiencias que adquirimos en nuestra incipiente vida social, hasta llegar a nuestra juventud y todo lo que ello implica incluyendo nuestra vida universitaria o laboral.

En esta última etapa de nuestra vida, es cuando debemos empezar a valorar todo aquello que tiene que ver con nuestra vida espiritual y cercanía con Dios, pues es momento de templar el carácter que nos hará tener la fortaleza suficiente para subsanar todas las dificultades que habremos de enfrentar. Es una etapa de forja y construcción de lo que será nuestra vida adulta y las responsabilidades que deberemos enfrentar si queremos una vida plena y feliz, tanto en nuestras relaciones laborales como familiares. Después de esta etapa, el aprendizaje se torna difícil, y por lo mismo, nuestro equipaje empieza también a ser más ligero.

Hay una breve pero aleccionadora historia que nos ejemplifica muy bien el tamaño de nuestro equipaje en nuestra edad adulta, y sobre todo, la actitud que debemos asumir frente a las cosas materiales que muchas veces nos causan un gran apego y por lo mismo una gran aflicción. Esta historia es la siguiente:

“Se cuenta que en el siglo pasado, un turista americano fue a la Ciudad de El Cairo, Egipto, con la finalidad de aprender los usos y las costumbres de este pueblo milenario. Allá, le toco conocer a un hombre muy respetable y respetado por todos por su gran sabiduría y además, por su enorme riqueza tanto material como espiritual; sin embargo, a pesar de su riqueza material, el turista se sorprendió al ver que aquel hombre vivía en una habitación muy modesta, pues solo se concretaba a un cuarto muy simple y lleno de libros, y donde las únicas piezas de mobiliario eran una cama, una mesa y un par de bancos. --¿Dónde están sus muebles? preguntó el turista. Y el Sabio, rápidamente, también preguntó: --¿Y dónde están los suyos...? --¿Los míos?, se sorprendió el turista. --¡Pero si yo estoy aquí solamente de paso! --¡Yo también, concluyó el Sabio!”
La sabia respuesta de aquel hombre, nos lleva a buscar entender la forma como estamos llevando nuestro equipaje de vida, muchas veces con la actitud de tener y acumular sin percatarnos que la vida en la tierra es solamente temporal, y que la vivimos como si fuéramos a quedarnos aquí eternamente. Que a menudo olvidamos que la verdadera felicidad y realización personal, está en función de cómo tratamos a los demás y que el valor de las cosas y los momentos, no están en el tiempo que duran, sino en la intensidad con que se viven. Por eso existen momentos maravillosos, inolvidables, cosas inexplicables y personas incomparables. Hagamos solo como ejercicio mental, las siguientes reflexiones antes de abandonar esta vida.

1. Dios no nos preguntará el modelo de auto que tuvimos; nos preguntará a cuánta gente ayudamos.
2. Dios no nos preguntará los metros cuadrados de nuestra casa; nos preguntará a cuánta gente recibimos en ella.
3. Dios no nos preguntará la marca de la ropa en nuestro closet; nos preguntará a cuántas personas ayudamos y aliviamos su pobreza.
4. Dios no nos preguntará el nivel de nuestro salario; nos preguntará si vendimos nuestra conciencia para obtenerlo.
5. Dios no nos preguntará cuál era el título profesional que ostentamos; nos preguntará si hicimos nuestro trabajo bien y con honestidad.
6. Dios no nos preguntará cuántos amigos tuvimos; nos preguntará cuánta gente nos consideraba realmente como un amigo verdadero.
7. Dios no nos preguntará en qué barrio o colonia vivimos; nos preguntará cómo tratábamos a nuestros vecinos.
8. A Dios no le importará el color de nuestra piel; le interesará la pureza de nuestra alma.
9. Dios no nos preguntará por qué tardamos tanto en buscar la Salvación a través de su palabra; simplemente nos acogerá como un padre amoroso en el Cielo.
10. Dios no nos preguntará por el tamaño de nuestro equipaje, solo nos preguntará que hicimos con los talentos que nos dio.” (Fin de la historia)

Aleccionadora historia, verdad, digna de meditar y reflexionar. JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com

viernes, 29 de febrero de 2008

Reflexiones

NUESTRAS VOCES INTERNAS

Jorge Meléndrez

Los seres humanos somos sociables por naturaleza y por lo mismo nos pasamos la vida tomando decisiones sobre todo aquello que nos compete hacer, ya sea a favor nuestro o de los demás. Estas decisiones son tomadas, por lo general, previamente meditadas, por impulsos intuitivos o simplemente al azar. Cualquiera de estas formas de actuar, nos lleva siempre a resultados que nos satisfacen y aceptamos aunque sea de mala gana, o bien, las rechazamos totalmente. Así es como actuamos, en ciertas circunstancias somos muy racionales, y en otras tantas nos dejamos llevar por nuestras emociones o estados de ánimo.

Para que podamos obtener los resultados previstos para nuestra vida, debemos de estar muy atentos en la forma como actuamos ante diversas circunstancias que se nos presentan, siguiendo pequeñas reglas que nos dicta nuestra conciencia moral, y tratando a los demás como nos gustaría a nosotros ser tratados. Una regla simple pero siempre efectiva.

Debemos estar atentos también, al hecho de que debemos aprender a escuchar la voz de nuestra conciencia, pues el fin y al cabo, es nuestro más severo juez al momento de valorar los resultados obtenidos.

De acuerdo a algunos estudiosos de esta condición humana, la conciencia es la noción que tenemos los seres humanos de las sensaciones, pensamientos y sentimientos que se experimentamos en un momento determinado. Es algo así como la comprensión del ambiente que nos rodea y del mundo interno de los demás. Nuestra conciencia esta matizada con nuestras emociones y por lo mismo, debemos actuar en concordancia sin violentar nunca el derecho de los demás, con el fin de no actuar de manera irreflexiva o haciendo daño aún de manera involuntaria.

Algunos autores consideran que existen numerosos mitos sobre las emociones, siendo uno de ellos el que son de carácter irracional y que por lo mismo, no pueden ser meditadas y argumentadas de acuerdo a la razón o mediante la inteligencia. Estos mismos autores ubican los impulsos emocionales en órganos como el corazón o el estómago, por ser donde se perciben los efectos de las mismas ante determinadas circunstancias, sin embargo, muchos otros estudiosos como Richard Lazarus, por ejemplo (Pasión y Razón, Editorial Paidos, Año 2000), señalan que las emociones van de la mano con la inteligencia y la racionalidad, por la cual, los seres humanos son los únicos seres de la creación conscientes de su destino y que además, perciben de manera muy especial, las dimensiones del tiempo, como el solo por hoy, el ayer y lo que vendrá.

Nuestras emociones son respuestas racionales a determinadas circunstancias que se nos presentan en la vida cotidiana y de igual manera, por lo general, son impulsos que generamos de acuerdo a patrones de conducta aprehendidos desde nuestra infancia y asimilados a nuestro carácter en la edad adulta. De hecho, podemos aprender mucho sobre nosotros mismos, si somos capaces de poner atención a nuestras emociones, y lo debemos hacer, sobre todo, por el simple hecho de que al entenderlas cabalmente, estaremos en condiciones de adquirir cierto control sobre ellas, en especial aquellas que nos angustian y perturban nuestras relaciones laborales o familiares.

Debemos estar atentos a las voces que se generan en nuestro interior cuando nos encontramos ante determinadas circunstancias, voces que por lo general nos dicta nuestra conciencia como si fuesen emanadas de ángeles que buscan y procuran nuestro bien, o malvados diablillos que buscan desestabilizarnos pretendiendo que tomemos malas decisiones. No en vano el libro sagrado nos enseña que el maligno nos presenta siempre el camino amplio y el sendero lleno de luces de fantasía donde la recompensa son el placer y las cosas vanas de la vida, en cambio, Jesús siempre nos habló del camino angosto y lleno de sacrificios. En algún otro pasaje, nos habla también de que Jesús, nos guarda siempre el mejor vino para el final de la fiesta, en tanto que el maligno nos habla a nuestra conciencia regalándonos el mejor vino de las mejores uvas que nos llevan a la amargura existencial.

Si no estamos preparados para interpretar los mensajes que nos llegan como veces internas de nuestra conciencia, nos pasaremos la vida cometiendo siempre los mismos errores y nuestro crecimiento espiritual será nulo.

La conciencia es el mejor lugar de encuentro que tiene el hombre consigo mismo, y más aún, el núcleo más secreto e íntimo, donde establece su lugar de encuentro con Dios. ¿Y tú, ya aprendiste a identificar las veces internas de tú conciencia? JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com

viernes, 22 de febrero de 2008

Reflexiones

PARA ENTENDER EL PLAN DE DIOS

Jorge Meléndrez

A lo largo de los tiempos, los seres humanos hemos emprendido muchas búsquedas en el afán de encontrar a Dios, sin darnos cuenta que Él siempre está con nosotros, y más a aún, siempre está interesado en los detalles más ínfimos de nuestra vida pues le importan mucho los deseos que nacen de nuestro corazón y revelarnos la verdad que nos hará libres de toda preocupación. Para ello dejó por escrito todas tanto el antiguo como del nuevo testamento, claves para entender el Plan de Dios para con nosotros los seres humanos.

Es importante hacer notar que aquí, el significado de la palabra “Plan”, debe entenderse como una “intención superior,” muy por encima del significado terrenal que nos lo define, como una serie de acciones y pasos que debemos dar para conseguir un objetivo previsto. Por ello, el Plan de Dios como intención superior, está concebido para que el hombre pueda hacer lo mejor y lograr con ello los mejores resultados, con el único fin de vivir y morir en comunión con la fe en el altísimo.

No tengo ninguna duda que los seres humanos buscamos nutrir nuestra vida con todo aquello que signifique paz para nuestro espíritu y crecimiento para nuestra vida. Esta afirmación es hoy en día una verdad de alto significado, pues vivimos una de las etapas cíclicas más angustiosas de la historia de la humanidad, pues se cumple fielmente el aforismo del Dr. Martín Luther King, quién además de ser un defensor de los derechos humanos de los afro americanos en los Estados Unidos de Norteamérica, se distinguió como Pastor de una Congregación Bautista Cristiana, ante quienes en cierta ocasión, en la disertación de la palabra, dijo: “Nuestra generación no se habrá lamentado tanto de los crímenes de los perversos, como del estremecedor silencio de los bondadosos.” Hoy en día, aún persiste en el mundo el entorno señalado por el Dr. Luther King, aunado al hecho de que en muchas personas se manifiesta un vacío existencial muy grande por el simple hecho de que han abandonado la idea de Dios en su corazón, y por considerar que todo se resume a principios religiosos, cuando en realidad, el significado de la palabra de Dios está mucho más allá de las interpretaciones que los humanos hacemos de ella, y de los cánones que nos imponemos a través de las distintas corrientes religiosas que existen en el mundo y donde la competencia por declararse poseedores de la verdad y de ser la única religión válida, ha propiciado alejamiento paulatino de muchos, y proliferación de corrientes filosóficas donde imperan las ciencias esotéricas y otras como la cienciología y el aprendizaje del lenguaje de los seres de luz, propuesto por J.J. Hurtak entre otras manifestaciones del hombre por entender el Plan que Dios nos tiene reservado.

En el libro del nuevo testamento, (Mateo 7:13-14) podemos leer que Jesús habló de un camino angosto que lleva a la vida y otro muy espacioso que lleva a la destrucción, advirtiéndonos que debíamos permanecer dentro del camino angosto, pero dejando a nuestro libre albedrío elegir cual camino tomar. Para entender el Plan de Dios respecto a cada uno de nosotros, debemos aceptar que existe un plan único e indivisible para cada ser humano y aunque algunos puedan ser parecidos, siempre serán diferentes, razón por la cual, cada uno de nosotros debemos aprender a escuchar la voz de Dios cuando a susurros nos dice que le importamos y que no desea para nosotros ningún mal.

Muchas personas piensan que es increíble que Dios pueda tener un plan para cada persona, sin embargo, creerlo nos produce una satisfacción íntima pues nos hace sentir que en verdad le importamos y está pendiente de cada uno de los pasos que damos en nuestra vida. Oír la voz de Dios no solo es apasionante, sino que además, nos mantiene en el camino correcto.

Cuando entendemos que Dios nos habla a través de hechos simples y cotidianos y entendemos los mensajes cifrados que nos envía, es cuando sentimos una profunda paz interior que nos invita a ser mejores personas, a cuidar nuestro cuerpo, a mantener limpia nuestra alma y a purificar nuestro espíritu. Entonces y solo entonces, podremos entender el plan de Dios y el profundo significado de las palabras que poco antes de ser crucificado dijo Jesucristo a sus Apóstoles: (Juan 14:27) “La paz os dejo, mi paz os doy, más yo no os la doy como el mundo la da, por lo que no se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo.” ¿Conoces el Plan de Dios reservado para ti? JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com

viernes, 15 de febrero de 2008

Reflexiones

LA VIRTUD DE LA OBEDIENCIA

Jorge Meléndrez

Los seres humanos somos gregarios por naturaleza y por lo mismo, vivimos dentro de esquemas de reglas de convivencia, ya sea dentro del hogar, en la escuela, en el centro de trabajo o en la sociedad misma, reglas que en muchas ocasiones son coincidentes con nuestra forma de pensar, y en otras tantas, podemos advertir divergencias notables. Lo que sí es una verdad de Perogrullo, es que dichas reglas fueron hechas para ser tomadas en cuenta a la hora de decidir algo.

De lo anterior, se desprende el hecho de que vivimos condicionados por el respeto a dichas normas, y por lo mismo, a guardar la vigencia de las mismas a través de la obediencia a todas y cada una de los ordenamientos que en dichas normas se señalan, lo que se traduce, por lo general, a una sana convivencia entre las personas. En pocas palabras, si estamos condicionados a convivir socialmente, lo menos que debemos hacer para que las relaciones sean sanas y de respeto mutuo, es hacerlo de acuerdo a las normas establecidas.

Habría que reconocer que la obediencia es, en muchas ocasiones, una acción poco agradable para las personas, por el simple hecho de que como seres humanos en libertad de decidir, sentimos que se nos coarta dicha liberad y se nos sujeta a criterios emanados de terceros, los que en ocasiones, no son coincidentes con los nuestros. Pongamos como ejemplo los límites de velocidad dentro de la ciudad y en vialidades periféricas, y ni que decir del estacionamiento de vehículos en las aceras de las calles y avenidas, así como los pases peatonales y los semáforos. Solo en estos ejemplos, podemos ver cotidianamente, violaciones al reglamento vigente, y lo hacemos tan natural y cotidiano, que nos acostumbramos y terminamos creyendo que todo está bien, y que quienes están mal, son los uniformados agentes que sufren las de Caín para hacer valer la obediencia de dichas normas.

Podemos trasladarnos al hogar, y con seguridad podremos advertir muchos momentos en los que se rompen las más elementales reglas de convivencia, que por lo mismo trastocan el orden y la disciplina. Aquí, los paterfamilias y sobre todo las mamás, hacen grandes esfuerzos por que se cumplan dichas normas, pues al no estar escritas, hacen pensar y sentir a los miembros de las familias, sin importar el rol que desempeñen dentro de las mismas, que cada quién puede hacer lo que se le antoja, aún si va en contra del elemental derecho de los demás miembros.

En la escuela, tenemos también la oportunidad de ver como se violentan las más elementales reglas de convivencia entre alumnos y profesores, ya sea en los horarios de entrada y salida, en el cumplimiento de los deberes escolares, en el orden y la disciplina dentro del aula entre otras, situaciones que a pesar de ser aspectos que en muchas ocasiones están escritos en un reglamento interior, la inercia y la costumbre nos llevan al incumplimiento cotidiano.

De igual manera, las empresas como centros de trabajo, no están exentas de este mismo fenómeno, donde tanto empleados como clientes, en ocasiones no cumplen con lo establecido, lo que de alguna manera, genera ambientes de malestar y a la postre, bajos niveles de rentabilidad en detrimento de los intereses de los accionistas o dueños de las mismas.

Podemos advertir, en estos breves ejemplos, que existe una marcada tendencia a la desobediencia, en los ámbitos donde nos desenvolvemos diariamente, por lo que es necesario hacer un alto y meditar un poco acerca de este fenómeno de la conducta humana, con el fin de empezar a cambiar formas, estilos y esquemas que poco bien le hacen a una sociedad en desarrollo, pues de no modificar nuestros criterios, estaremos condenados a vivir en una sociedad en deterioro.

Debemos empezar a admitir que nuestro ámbito de libertad concluye en los límites de la libertad de los demás, así como a reconocer que por naturaleza humana, somos personas diferentes entre sí, en gustos y preferencias y por lo mismo, debemos empezar a cambiar nuestros viejos hábitos donde buscamos siempre “ganar” aunque otros pierdan. Cambiar esta óptica, nos llevará a un esquema de “ganar, ganar” y por lo mismo, a vivir en una sociedad más educada y más rica en ambientes de cultura social.

Debe quedar claro, la obediencia no hace distinciones de personas y situaciones, para que sea realmente un valor de convivencia y una virtud humana, debe ir acompañada de nuestra voluntad de hacer las cosas, agregando nuestro ingenio y capacidad para obtener un resultado igual o mejor de lo esperado. Por tanto, el obedecer es un acto consciente, producto del razonamiento, discriminando todo sentimiento opuesto hacia las personas o actividades.

Moraleja: La obediencia es una virtud que debe iniciar como un hábito cotidiano, para después convertirse en una costumbre de vida. ¿No lo cree usted así? JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com
Reflexiones

EL VALOR DE SER PERSONA

Jorge Meléndrez

El ser humano pensante, con sentimientos y voluntad, es de un valor incalculable merced a su dignidad individual, y por el hecho de que la persona humana tiene un dinamismo interior que la impulsa a rechazar el ser tratada como un objeto, como un mero medio y no como un fin. La persona desea, desde lo más profundo de su ser, ser tratada como persona digna y respetable.
Por otra parte, frente a la persona humana, tenemos al grupo social, que no es otra cosa más que la unión solidaria de individuos en ocasiones diferentes entre sí pero con un fin común que los dignifica de manera individual. En ese sentido, el grupo social disfruta del valor que le otorgan cada uno de sus integrantes, por el hecho de que cada integrante, es en si mismo una persona total y acabada. El grupo social es en si mismo, una suma de individuos, de voluntades y de conciencias, aunque no siempre concordantes entre si.

Tenemos entonces que en el mundo, coexisten de manera simultanea grupos e individuos, y aunque por si mismos cada uno de ellos disfruta de un valor incalculable, por el simple hecho de que la persona humana es de individualidad y singularidad absoluta, tiene un valor mayor que el del grupo social al que pertenece, por la simple y sencilla razón de que el grupo en sí mismo es tan solo una forma social producto de la evolución social del hombre mismo.

Lo bueno de todo, es que el grupo significa frente al individuo, ausencia de vulnerabilidad frente al entorno, por el hecho de que dentro de los grupos, es donde se da con frecuencia el valor de la solidaridad, pues en la medida en la que cada integrante aporte fuerza, inteligencia y voluntad de manera sinérgica, el todo resultante es mucho mayor que la suma de los esfuerzos y aportaciones individuales, lo que significa que el individuo dimensiona su valor, pues por el solo hecho de dar y darse a sí mismo, recibe y se engrandece.
Hay quienes piensan, sin embargo, que el individuo que no pertenece a grupo alguno es un individuo cuyo valor es intrascendente, sin embargo, no perciben que el valor de la trascendencia individual, se da más por como un acto cualquiera a través del cual el ser humano va más allá de sí mismo, elevándose a una etapa evolutiva más elevada.
Por ello es necesario educarnos en la virtud o el valor del ser individuos totales y acabados, trascendentes y humanos en el más amplio sentido y significado de la palabra y no perder el sentido de ser persona, respetuosa y tolerante con otros individuos que por el solo hecho de serlo, disfrutan de la misma dignidad trascendente como la nuestra.
Debemos también aprender a estar conscientes de que el valor del grupo está en función del valor del individuo, y no a la inversa, aunque no por ello se excluya la importancia de cultivar el valor de la solidaridad con el grupo social al que pertenecemos, pues ello nos engrandece como personas y nos enriquece por el aprendizaje de las virtudes y valores que aportan el resto de los individuos con quienes sinergizamos.
La autorrealización del individuo se contempla como un proceso progresivo, personal, responsable y liberador que permite al ser humano ir más allá del mundo material que lo rodea, así como lograr una síntesis que integre a sí mismo las polaridades y dicotomías entre las que sobrevive, como son: cuerpo-mente, razón-intuición, materia-espíritu, sujeto-objeto, yo-tú, nosotros-los otros. En ese sentido, la unificación de los opuestos constituye el camino de la autorrealización personal, y en la medida de que se logra, se logra también la realización del grupo social.
Es decir, toda persona, en su proceso de autorrealización, tiende naturalmente hacia el desarrollo del potencial contenido en cada una de las dimensiones propias de su naturaleza, pues la realización de si mismo es lo que constituye el fin más noble y elevado al que el hombre puede aspirar y elegir. Esto significa que el ser humano puede optar por seguir esta tendencia natural y ser en trascendente por sí mismo o trascender dentro del grupo al que pertenece, sin por ello abandonar el valor de su individualidad. ¿Y usted que piensa al respecto? JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com

miércoles, 13 de febrero de 2008

Reflexiones

LAS CUATRO PUERTAS DEL ALMA

Jorge Meléndrez

En los tiempos actuales, una gran parte de la humanidad vive una tremenda soledad por el simple hecho de que ha abandonado la idea de Dios en sus vidas. Ese abandono no significa de manera alguna que ÉL se haya alejado de nosotros, sino todo lo contrario, al hecho de que permitimos que a nuestras vidas lleguen más fácilmente las palabras que el maligno nos dicta y con las cuales orienta nuestras conductas y actitudes. Las asimilamos así, por el simple hecho de que nuestros sentidos están más atentos a las cosas materiales y superfluas que a las que tienen que ver con la espiritualidad.

Al respecto, deseo comentar que hace algunas semanas asistí a una charla conferencia impartida por un Pastor de la Iglesia Cristiana, cuyo tema me pareció atractivo en si mismo, lo que pude comprobar con el contenido disertado. Una de las cosas que llamó mi atención fue el concepto de que el ser humano rige su vida de acuerdo a un modelo de “cuatro puertas en el alma”, el que puede resumirse en la permanente intervención de Jesucristo en la vida de los hombres y cuya muerte tuvo el significado de limpiar el alma de todo lo insano. Es decir: 1. Liberarnos de toda atadura ancestral, 2. Limpiar las impurezas del alma, 3. Sanar nuestras heridas, Perdonando los pecados y las ofensas y 4. Dar la Paz a través de la palabra.

Esto es en resumen, sin embargo, habría que comentar en que consiste la metáfora de las cuatro puertas, con el fin de entender mejor como es que Jesucristo interviene en nuestras vidas.

En primer lugar, debemos de aceptar que una de las puertas que es necesario cerrar para estar en paz con Dios, es la que tiene que ver con todo aquello que nos fue heredado por nuestros ancestros, quienes por falta de un metódico acercamiento a la palabra de Dios, practicaban actos y rituales de magia y ocultismo, condición que ha venido quedando a través de las generaciones posteriores como creencias en mitos, cartas astrales, tarot, adivinaciones, hechicería, magia blanca, ouija entres muchas otras prácticas que las sociedades modernas de todas las edades han practicado alguna vez con mas o menos entusiasmo.

En la medida en la que nos aferremos a este tipo de prácticas de manera inconsciente o no, vamos dejando abierta la puerta para que el maligno permanezca en nuestras vidas dictándonos conductas ya actitudes contrarias a las indicadas por la palabra escrita en el viejo y el nuevo testamento. Basta decir que somos presa fácil de todo aquello que nos significa “comodidad” en nuestra religiosidad, pues hacemos oídos sordos a todo aquello que se nos indica como prohibido.

La segunda puerta, y que al igual que la anterior debemos empezar a cerrar en nuestra vida, tiene que ver con las herencias que registramos en nuestro código genético, las que al igual que las anteriores, significan ataduras en nuestra vida, pues nos condicionan de manera no consciente, a seguir los pasos, de nuestros ancestros inmediatos como son padres, abuelos y bisabuelos. Ese tipo de ataduras tienen que ver con prácticas poco sanas como son los malos hábitos de nuestra vida, y que no nos permiten crecer y desarrollarnos sanamente.

La tercera puerta, tiene que ver mucho más con el ámbito de nuestras actitudes cotidianas y que de alguna manera, nos alejan de la práctica permanente de la palabra de Dios y de su cercanía personal. Aquí entran todos los actos voluntarios o involuntarios que llevamos a cabo y que la iglesia los cataloga como pecados que deben ser confesados en un “Mea culpa” personal frente a Dios o a través de un sacerdote confesor quien puede otorgar la absolución de los mismos. Esta es una de las puertas más difíciles de cerrar, pues implica renunciar a todos aquellos malos hábitos de vida como son los egos que se pegan a nuestro ser y forman parte de nuestro modo de vida cotidiano. Se requiere de una gran fuerza de voluntad y de un permanente encuentro con Jesús y su palabra, único ser que nos conforta el alma después del arrepentimiento.

La cuarta puerta se refiere a todas las heridas del alma que recibimos a lo largo de nuestra vida, muchos de los cuales, quedan como recuerdos dolorosos de nuestra infancia y que por alguna razón no alcanzamos a resolver de manera consciente. Este tipo de herencias, tienen que ver con emociones negativas como el miedo a la vida, las fobias, los temores a lo desconocido entre otros, que muchas ocasiones requieren de intervención de especialistas en el ámbito de la psicología transpersonal o existencial.

Estoy seguro que siguiendo este sencillo modelo de vida, y aprendiendo a cerrar oportunamente cada una de éstas puertas, tendremos una vida más apacible, más cercana a Dios y sobre todo, más llena de satisfacción personal y por ende de felicidad. JM Desde la Universidad de San Miguel

udesmrector@gmail.com
Reflexiones

LA MAGIA DE SABER EDUCAR A LOS HIJOS

Jorge Meléndrez

Una de los aspectos que siempre es necesario evaluar dentro del seno familiar, es la relación existente entre padres e hijos adolescentes, por el simple hecho de que la familia es considerada como el núcleo primario formativo de personas que, una vez adultas, continuarán con los patrones de conducta aprendidos.

Partimos de las premisas básicas de que esta relación, como fenómeno social, ha venido cambiando con el tiempo y además, que en la actualidad en una sociedad como la nuestra, coexiste un amplio abanico de criterios que hacen que la pluralidad sea la constante más frecuente en cuanto a conductas de padres e hijos se refiere. Es importante señalar que lo aquí comentado, esta fundamentado en una serie de lecturas de autores diversos como son educadores, psicólogos, sociólogos entre otros, así como de la experiencia y la observación que durante más de cuarenta años he tenido como profesor de asignatura en distintas universidades del país.

Algunos autores basan sus conclusiones en estudios de carácter científico y otros más en reflexiones empíricas, sin embargo, todo lo aquí señalado solo debe ser considerado como elementos guía de carácter general.

La regla que prevalece en la relación de los padres con los hijos dentro del seno del hogar, es dual, por un lado, los padres consideran que en esa edad los hijos entran en la etapa formativa más difícil de su vida, y por lo mismo, deben de estar más atentos de lo que hacen o dejan de hacer, y en respuesta, los hijos piensan que los padres se preocupan demasiado y asumen conductas donde el desdén a las recomendaciones es una de las constantes más frecuentes.

Es precisamente en ese escenario dual donde se dan la mayor parte de las diferencias de opinión y por lo mismo, las dificultades entre ambos, surgiendo así, los distanciamientos, los enojos, las represiones e incluso los golpes, todo dentro de un ambiente de autoritarismo y rebeldía.

Los padres aún jóvenes donde el adolescente es el hijo mayor, tienen más posibilidades de convertirse en padres comprensivos y altamente permisibles, pues son producto de una generación donde los cambios socioculturales empezaron a aflorar en nuestra sociedad como fiel reflejo de lo que sucedía en el mundo y fueron actores de aquellos movimientos juveniles de la época de los sesenta que de alguna manera, sirvieron como parteaguas de los cambios sociopolíticos que hoy vivimos.

Por otro lado, los padres cuyos hijos adolescentes son los menores, asumen una actitud diferente en la conducción de sus hijos, pues pertenecen a una generación donde aún se conservaban los valores más sustantivos de las familias, como son el respeto irrestricto a los padres, la participación de los hijos en las tareas del hogar, la convivencia en el marco de creencias religiosas sólidas entre otras, elementos todos que les hacen ser padres menos comprensivos de lo que les está tocando vivir a sus hijos y por lo tanto, son también menos permisibles y comprensivos.

Por otro lado, tenemos un elemento adicional, que es aplicable en ambos tipos de familias antes señaladas, y que viene a ser el hecho de que como seres humanos, arrastramos con nosotros los miasmas transgeneracionales que nos han sido heredados y que de alguna manera, son los que norman nuestras conductas y actitudes frente a la vida, las que van desde la represión y la incomprensión, hasta la laxitud y la alta permisibilidad, donde en el primer caso, asumimos actitudes con las cuales, en el afán de formarlos para su bien, les infringimos serios daños emocionales que a la larga los harán seres indefensos e inmaduros y en el segundo caso, personas irresponsables por el simple hecho de que no aprendieron el rol que debían asumir en su vida adulta.

Los hijos de ambos tipos de familias por su parte, conviven hoy en día en un ambiente donde la influencia de la globalización y los avances tecnológicos son la constante más frecuente y por lo mismo, son jóvenes que han aprendido a preocuparse menos por el futuro y a vivir más el presente, sus conductas son más relajadas y mantienen una mayor libertad de conciencia y una espiritualidad más laxa.

Y es precisamente en este escenario general, donde los padres debemos asumir nuestra responsabilidad de ser formadores y orientadores de nuestros hijos, para lo cual, los mejores ingredientes para todo tipo de familias son tres palabras mágicas: Amor, Comprensión y Respeto. Amor, para envolverlos en una tela de calor humano, Comprensión para entender que un día deberán valerse por sí mismo pues ya no estaremos con ellos y Respeto a su individualidad pues son seres humanos distintos a nosotros pues aunque lleven nuestra propia sangre, han abrevado en mundos y culturas diferentes. ¿No lo cree usted así? JM Desde la Universidad de San Miguel.
udesmrector@gmail.com

domingo, 10 de febrero de 2008

Reflexiones

LOS AMIGOS SON COMO UN TESORO

Jorge Meléndrez

Una de las grandes satisfacciones que tiene el ser humano en su vida cotidiana, es la seguridad de contar con grandes amigos, amigos verdaderos en toda la extensión de la palabra, pues la verdadera amistad no se mide ni en sana distancia y en sana cercanía, sino en un sentimiento de solidaridad y de compartir gustos, tristezas y alegrías, aunque muchas veces quedamos en lo anecdótico, la broma, el buen momento ó pasivamente en disposición para lo que se ofrezca. La esencia principal de la amistad, radica en los valores que son el cimiento de las relaciones duraderas, porque el tener amigos sobrepasa con mucho la superficialidad de tener conocidos.

Con el paso del tiempo, la amistad se fortalece sin darnos cuenta, la convivencia ha traído consigo aficiones, gustos e intereses en común, compartiendo preocupaciones, alegrías, tristezas, y la seguridad de contar con un apoyo incondicional. Así es la verdadera amistad, pues el amigo sufre y llora con nosotros y comparte nuestras penas, con la misma intensidad como comparte nuestras alegrías.

En nuestra casa, nos consideramos privilegiados, pues con frecuencia recibimos la visita de verdaderos amigos, con quienes no caben los protocolos ni los eufemismos, simple y sencillamente nos deleitan con su presencia y nos contagian con su entusiasmo. Hoy viernes tuvimos una visita de esta naturaleza, una amiga que llegó con su paso firme y su mirada tierna, y sin mediar explicaciones, nos llenó de presentes exquisitos. ¡Gracias Elida por tu amistad!

Debemos dar gracias a Dios de que existen personas en nuestras vidas que nos hacen felices por la simple casualidad, mejor dicho causalidad de haberse cruzado en nuestro camino. Algunas recorren el camino a nuestro lado, viendo pasar el tiempo y hay otras en cambio, que apenas vemos entre un paso y otro. A todas las llamamos amigos y hay muchas clases de ellos.

Algunos son como las hojas de un árbol, del árbol de nuestra vida, donde los primeros amigos incondicionales son nuestros padres, que nos muestran lo que es la vida, luego valoramos a nuestros hermanos, con quienes en ocasiones nos une una buena amistad y con quienes dividimos nuestro espacio para que puedan florecer como nosotros, y luego, el tiempo nos enseña, a conocer a toda la familia de hojas a quienes respetamos y deseamos el bien, esos son nuestros verdaderos amigos.

A muchos de ellos los denominamos amigos del alma y del corazón, pues son sinceros e incondicionales pues saben cuando no estamos bien, saben lo que nos hace feliz y lo que necesitamos sin que se lo pidamos.
Un amigo(a), es como un bálsamo a nuestras penas, un brillo de alegría a nuestros ojos, una música para nuestros oídos y muchas veces, una oración para nuestras angustias, pues acostumbran a colocar muchas sonrisas en nuestro rostro, durante el tiempo que estamos cerca. También hay amigos distantes, sobre todo aquellos que están en la punta de las ramas de nuestro árbol y que cuando el viento sopla siempre aparecen entre una hoja y otra y aunque no los vemos seguido están siempre cerca en nuestro corazón.

El tiempo pasa, el verano se va, el otoño se aproxima y perdemos algunas de nuestras hojas, algunas nacen en otro verano y otras permanecen por muchas estaciones. Pero lo que nos deja más felices es que las que cayeron continúan cerca, alimentando nuestra raíz con alegría. Son recuerdos de momentos maravillosos de cuando se cruzaron en nuestras vidas.

Cada persona que pasa en nuestra vida es única y siempre, siempre, deja un poco de sí y se lleva un poco de nosotros, sin embargo, habrá también los que se llevarán mucho y, habrá de los que no nos dejaran casi nada. Esta es la situación en la que se comprueba que dos almas no se encuentran por casualidad.
Es de gran utilidad considerar la gran importancia que tienen los valores para fortalecer el valor de la amistad, entre los más importantes se encuentran la congruencia, la flexibilidad y el respeto. La congruencia con el fin de mostrar una personalidad única con todas las personas y en todos los ambientes, la flexibilidad para saber como entender nuestras diferencias y el respeto, para entender que son precisamente las diferencias lo que nos une y no lo que nos separa, y no pretender que sean a nuestra imagen y semejanza.

Así es la amistad, un tesoro de valor inexplicable, pues nos facilita la comunicación y permite a su vez acrecentar nuestro círculo de amistades. Debemos tomar en cuenta que una amistad de conveniencia, no será nunca una amistad verdadera, pues el valor intrínseco de la amistad es la incondicionalidad con la que se prodiga. JM Desde la Universidad de San Miguel.

udesmrector@gmail.com